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El fantasma de El Mencho

Ninguna dependencia confirmó oficialmente que Nemesio Oseguera, El Mencho, hubiera sido velado en una funeraria de San Andrés, al Oriente de Guadalajara, y enterrado después en el panteón Recinto de la Paz en Zapopan.

Sin embargo, para efectos mediáticos y “según versiones extraoficiales”, el sepelio de El Mencho fue ayer.

Las pompas fúnebres de su presunto entierro están cargadas de un simbolismo y parafernalia que recuerda más al funeral de un “prominente hombre de Estado” que al de un criminal que bañó en sangre al país.

En esto tenemos responsabilidad los medios, pero también nuestra cultura digital que persigue la viralidad en las redes y, por otra parte, la glorificación de la narcocultura en nuestro país.

Las decenas de coronas de flores y aquella que tenía una forma de gallo; el féretro dorado; la apariencia misteriosa de los asistentes vestidos de negro, gorra y cubrebocas; las camionetas de lujo y la banda sinaloense, y el morbo de que fuera velado en una modesta funeraria del Oriente tapatío, todo eso oculta el verdadero significado y papel de un líder criminal para el cual sólo deberíamos tener, como sociedad, reproches y olvido.

A este personaje le debemos el miedo que vivimos en los últimos días. Los más de 16 mil desaparecidos en Jalisco se vinculan, en gran medida, al cártel que comandó; a ello se suman homicidios, extorsiones, estafas y la estela de víctimas que han dejado sus ilícitos.

Si aceptamos que el hombre es la medida de todas las cosas, entonces la verdadera dimensión de Nemesio Oseguera debe medirse a través de sus métodos crueles, su violencia descarnada y la sofisticación con la que despojó de su humanidad a sus víctimas y verdugos.

El derecho a velar a un ser querido es irrenunciable, sin importar los delitos que haya cometido en vida. El ritual de la sepultura no se le puede negar a los deudos.

Sí podemos, en cambio, darle su justa dimensión y significado a este sepelio, un privilegio que miles de madres, padres, hijos y hermanos no han tenido en el país de los 130 mil desaparecidos.

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