El Siapa y su agua contaminada
Empezó como una denuncia esporádica, un tanto extraña: el agua que salía de la llave tenía un olor extraño, de plano nauseabundo. “El agua huele a podrida”, reportaban unas pocas personas en diferentes colonias, en una zona de Guadalajara donde comúnmente no hay problemas de abasto, en los alrededores de la Glorieta de La Normal. Días después, las quejas se hicieron numerosas y se extendieron por Guadalajara, Zapopan y Tlaquepaque. ¿Qué ocurría?, ¿por qué el mal olor? Adicionalmente, seguían los reportes ya añejos de agua turbia.
El fenómeno se presentó durante el pasado mes de febrero y, entre eventos como el estallido de violencia a raíz de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes y otros asuntos que ocuparon el interés mediático de las mayorías, se ignoró por parte de la autoridad, hasta que finalmente ayer el gobernador del Estado, Pablo Lemus Navarro, indicó que la causa de la contaminación estaba identificada: gobiernos municipales y algunos particulares han estado haciendo descargas irregulares de agua contaminada en tuberías del Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (Siapa).
El mandatario no identificó a los municipios ni a los particulares, pero sí anunció que habrá sanciones.
Adicionalmente, el Siapa informó públicamente que detectó las descargas de agua contaminada en el Canal de Las Pintas, que abastece a la Planta Potabilizadora 1, ubicada en Miravalle. Agregó en su comunicado que detectaron aguas residuales provenientes de varias poblaciones de Tlajomulco de Zúñiga.
El tema es tan serio que ya interviene la Secretaría General de Gobierno, además de la Secretaría de Gestión Integral del Agua y la Comisión Estatal del Agua. Naturalmente, también se ha llamado a cuentas al Ayuntamiento de Tlajomulco.
Más que una negligencia o un descuido -el gobernador subrayó que se trata de varios ayuntamientos y particulares-, el tema se asemeja a un delito repetido e inconsciente. ¿Qué calidad de agua está llegando a cientos de miles o millones de personas en la ciudad? ¿Cuánto tiempo ha estado ocurriendo esto? ¿Qué medidas se aplicarán? ¿Quiénes son los responsables?
El Siapa lleva meses en una línea continua de crisis: empleados sin capacitación con sueldos exorbitantes; discusiones públicas y políticas por la tarifa del agua; una cartera vencida que ronda 18 mil millones de pesos; un frente de obras con costo multimillonario que lo mismo abarca la renovación de redes obsoletas de distribución de agua, la construcción de drenaje profundo y la indispensable edificación de un nuevo ducto de Chapala a Guadalajara para garantizar el abasto de agua y eliminar pérdidas y robo del líquido. Entre otras cosas.
Aunque se anunció que ya fue realizada una auditoría integral al Siapa, no se han hecho públicos los cambios o el plan de reingeniería.
Ayer mismo, el gobernador Pablo Lemus compartió en público que en solo dos proyectos -la ampliación de la Planta Potabilizadora de Miravalle y la construcción del ducto Chapala-Guadalajara- se requieren 13 mil 500 millones de pesos y que se solicita el apoyo del gobierno federal.
Lo que huele mal en el SIAPA es mucho más que el agua contaminada.