Ideas

“¡La Novia!”: Un bullicio exuberante

En pleno siglo XXI, todavía hay quien predica que solo hay una forma de ser mujer, que lo femenino es unívoco e inmutable. O que “lo femenino” es a la subordinación lo que “lo masculino” es a la autoridad. En “¡La Novia!”, la cineasta Maggie Gyllenhaal explora la cara incendiaria de la condición femenina, comete la herejía de imaginar a la mujer desde el bullicio, como algo inabarcable; editorializa lo femenino sin medirse y sin temor a la confrontación; organiza su (a veces ilegible) disertación con un toque casi punk. El suyo es un relato que será conversado mientras se azuzan peleas entre adjetivos: contradicción contra complejidad; feminismo radical contra feminismo necesario contra feminismo anquilosado; reacción contra desplante; revolución contra berrinche; amor contra manipulación; cinefilia contra pose. Gyllenhaal deja su discurso en el terreno de lo abstracto, de la libre interpretación: es ahí donde florecerá o arderá, según la mirada.

Ambientada en la década de 1930, “¡La Novia!” cuenta la historia de una mujer (Jessie Buckley) que sufre una muerte violenta, pero que es “reanimada” por una excéntrica científica (Annette Bening) para que sea la pareja romántica de la criatura de Frankenstein (Christian Bale). Marcados por la tragedia, la dupla se convertirá en objeto de interés de unos detectives (Penélope Cruz y Peter Sarsgaard). Inspirada libremente en el clásico “La novia de Frankenstein” (1935) y en la mitología bordada por Mary Shelley en su novela “Frankenstein” (1818), la pieza coloca el reflector sobre el personaje femenino para darle cuerpo, voz e identidad (nombre, incluso) a la mujer anónima de la cinta original.

No es un secreto que “¡La Novia!” era una de mis películas más esperadas de la temporada. El largometraje —convulso, confuso, frenético, arrebatado, magnético, delirante, tóxico, liberador, desconcertante, seductor, chapucero— me ha parecido una experiencia de claroscuros: discursivamente caótico, estilísticamente exuberante, una cinta derrochadora en lo plástico y lo emocional. Y en esos excesos también puede haber deleite.

Según la buena voluntad (y la dosis de intriga, de curiosidad) que le tengas a la película, vivirás un visionado ameno o tortuoso. Aunque a mí me pasó lo primero, reconozco que el resultado final me dejó desorientado: no con la confusión gozosa de una cinta que te ha confrontado o que te ha sacado de tu zona de confort, que te ha electrificado la conciencia; sino con la confusión del desorden narrativo, visual y emocional de una pieza que quiere ser muchas cosas a la vez.

Rebosante de cinefilia e intertextualidades —la pieza te invita a viajar desde “La novia de Frankenstein” hasta “Bonnie y Clyde”, desde el expresionismo europeo hasta el clasicismo hollywoodense—, “¡La Novia!” es una película de monstruos, un romance gótico, un drama interpersonal, una ciencia ficción quimérica, un desvarío de terror, un festín noir, una pieza de cine parasocial sobre las mil caras del feminismo, sobre la violencia, sobre la predictibilidad del machismo sistémico y hasta una comedia del absurdo. Es posible ser todo eso, sí, pero el acabado aquí —aunque apetitoso y lúbrico— se siente desprolijo. Tampoco es que eso me haya molestado tanto; a final de cuentas, prefiero ver una osadía así antes que un relato conformista. Empero, tengo que reconocer que en la sala noté a un público polarizado. La película se desborda y, por instantes, puede incluso expulsar al espectador.

Lo que se ejerce con contundencia de inicio a fin es el trabajo interpretativo. El histrionismo es profuso, sin reparos; Gyllenhaal ha facturado una cinta que es terreno fértil para toda clase de arrebatos dramáticos, para que su elenco pueda actuar usando el cuerpo entero y dejándose el alma en cada convulsión. El reflector lo reclama, sobre todo, la gran Jessie Buckley, favorita de esta temporada de premios gracias a otro rol hipnótico: el de la protagonista total de “Hamnet”.

Una vez más, Buckley nos muestra que es una todoterreno, que es una de las mejores actrices de su generación. Verla en cintas como “Wild Rose: Sigue tu propia canción”, “Pequeñas cartas indiscretas”, “La hija perdida”, “Men”, la ya citada “Hamnet” y, por supuesto, “¡La Novia!”, deja patente su rango interpretativo, el dominio que tiene sobre su oficio, su compromiso inapelable con el arte de la actuación. En “¡La Novia!” interpreta a tres mujeres: la “criatura” estelar; la mujer que —como dicta esta mitología— tuvo que morir para renacer; y, además, una versión dark y preternatural de Mary Shelley, autora de “Frankenstein”. Buckley hace que parezca fácil. Su desempeño actoral se convierte en la brújula de todos los demás: Bale, Bening, Cruz, Sarsgaard… todos apuntan en la dirección que Jessie marca.

De acabado visual lujoso, el trabajo de cámara de Lawrence Sher (nominado al Oscar por “Joker”) y el diseño de producción de Karen Murphy (nominada al Oscar por “Elvis”) construyen una atmósfera única y convincente. Sin embargo, ambos esfuerzos de gran artesanía se incorporan al filme a veces con un carácter claramente cinematográfico, a veces en un sentido videoclipero; con directora, Gyllenhaal es —en igual medida— quirúrgica y atrabancada con sus recursos visuales.

“¡La Novia!” es un filme dislocado pero con presencia, un largometraje sobre los caminos violentos que hay que surcar para encontrarnos, para consolidar la identidad, para hacernos de un nombre que sentimos propio, un nombre que tiene una dimensión más grande que el que nos fue dado al nacer (sea el mismo, sea uno nuevo); es un relato romántico que rebasa la “búsqueda del amor, de la pareja” para transitar el territorio de la “búsqueda del cómplice”, de la naturaleza imperfecta y egoísta del amor, como apuntaba Zizek: la búsqueda del otro para completar lo que me hace falta. Es, además, otra película que nos reencuentra con la inevitable relación entre Eros y Tánatos, siempre cincelando nuestra existencia. Todo lo anterior, desde una trinchera femenina que ni es unidimensional ni está ahí para complacer ni ceñirse a la expectativa: está ahí para gritar y contradecir, para buscarse, encontrarse y atarse a la vida.

@arturogaribay

@topcinema

Temas

Sigue navegando