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Los festejos de San Valentín

Ayer tuvo lugar una de las conmemoraciones más tumultuarias de nuestra bella y noble ciudad, entre otras cosas, porque es el Día de los enamorados, el cual es festejado hasta por los que se odian. De tal manera que si usted tiene un restaurante —sin importar la categoría de este o la falta de categoría— y no se llena ese día, ciérrelo, porque Dios no lo llamó por ese camino.

Pero por lo demás, creo que los hoteles de alterne gozan su máximo lleno en este día. En fin, cada quien festeja al santo como mejor le conviene, sin olvidar que los comerciantes, como siempre, hacen su agosto y por cierto, recuerdo que hace tiempo les decían las fuerzas vivas y vaya que son vivas, vivísimas.

También se festeja, aunque no fue exacta, la fecha de la cuarta instalación de Guadalajara, ya que fundación hay una y fue diez años antes; simplemente que andaban peregrinando por diferentes sitios porque a unos no les gustaba dónde la habían colocado antes y de ahí sacaron la bella historia de doña Beatriz Hernández, que si bien sí existió y era una mujer de tamaños, si hubiera dicho lo que dicen que dijo, yo creo que le hubieran roto el océano, ya que en aquella época eran más machistas que ahora, y si bien no le quito méritos porque la mujer, casada con Juan Sánchez de Olea, era muy aguerrida e incluso hay una escena prequijotesca en la cual se puso una armadura y defendió a las mujeres de los conquistadores en la primera instalación de Guadalajara y se debe haber visto muy curiosa con la armadura, pero defendió a las féminas de los conquistadores.

De ahí en más, Nuño dejó sus órdenes y cada quien las cumplió como pudo, porque miedo sí le tenían al “muy magnífico señor”, que en aquel tiempo andaba buscando las siete ciudades de oro; a mí esa imagen me gusta mucho, porque no andaba con jodideces de querer conseguir dos centenarios, quería ciudades de oro, esos son tamaños y ambición, no fregaderas. Y después de una breve estancia en Tonalá, regresó Nuño y vio que se habían instalado en sus tierras, por lo que le dijo a Oñate que fundara la ciudad en las suyas, no en las de él y se fueron a la tercera fundación.

Debo decir que me gusta más la historia de doña Beatriz porque hace muchos años una de mis hijas me preguntó si la reina Isabel había empeñado las joyas y yo le dije que no, que eran mitos, que había conseguido préstamos para la excursión; ya que le aclaré a mi vástaga Fanny la verdad, descubrí que me gustaba más la historia de ella que la mía. Así que festeje usted de la manera que pueda o le dejen festejar, porque a final de cuentas el gozo es suyo y haiga sido como haiga sido, lo importante es que esta ciudad —a pesar de la violencia y de los baches— sigue siendo un bello sitio para vivir.

@enrigue_zuloaga

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