Memo y Juan
Memo y Juan se reúnen después del código rojo en su cafetería habitual. En lugar de sus favoritos capuchinos y espressos cortados, ambos piden un café americano de refill.
-¿Ahora no vas a pedir lo de siempre? -pregunta Juan, curioso.
-No, la vida se está encareciendo -dice Memo-. Necesitamos aprender a ahorrar. ¿Sabes en cuánto está el kilo de jitomate? Vienen tiempos difíciles y hay que prepararnos.
-¿Y esa perorata, a qué viene? -pregunta Juan, confundido.
-A que debemos modificar nuestros hábitos de consumo -responde Memo.
-Bájale a la espuma de tu chocolate -comenta Juan entre risas.
-Juan, el mundo está cambiando, la economía y la tecnología están modificando nuestros comportamientos; ve a la Presidenta, cada vez más obsequiosa con los gabachos. Una cosa es pararse en el púlpito todas las mañanas y echar de gritos, y otra, salirse del cuadernillo.
-¡Ándale! ¿Entonces los morenos no van a aprobar la tan traída y llevada reforma electoral? -pregunta Juan.
-Seguramente sí, pero con las modificaciones que le “sugieran” nuestros vecinos, acuérdate que ya se va a iniciar la revisión del Tratado de Libre Comercio -ilustra Memo.
-¡Claro! Y no sería de extrañar que la Presidenta, con la llegada del nuevo secretario de seguridad interna de Trump, cumpla una de sus exigencias: la entrega de narco-políticos -abunda Juan.
-¡Válgame Dios! Se supone que todo terminaría con la caída del famoso Mencho, pero al parecer, el negocio sigue, ¿o no? -apunta Memo.
-Debemos de tener claro que la industria del crimen es un gran negocio y, seguramente, sus ganancias deben de formar parte de la masa de capital cuyo centro de administración está en Wall Street -apunta Juan-. Lo lógico es que se reestructuren los mandos y “pa’ lante”. En temas de dinero y política, no hay vacíos.
-Eso sí te lo entendí -dice Memo dando un sorbo-. Ya ves que fácil es explicar las cosas con calmita.
-Oye, ¿y el Mundial? -pregunta Juan, pidiendo le rellenen la taza.
-El Mundial, que es el circo romano de la actualidad, nos traerá muchos problemas y pocas ganancias; al margen de la lana que hay que meterle, nos coloca, aunque sea por solo algunas horas, como parte del escenario mundial y en los riesgos del terrorismo local e internacional -explica Memo-. Ya entre los organizadores está circulando la idea de cambiar la sede de algunos partidos.
-¡Caramba! No lo había visto así -exclama Juan.
-Pues sí mi querido amigo, las cosas no están como para lanzar cohetes -sentencia Memo.
-Frente a esa realidad, ¿qué podemos hacer? -pregunta Juan.
-Por lo pronto, no echar a perder la vida. Vivirla con sobriedad, darnos tiempo para disfrutar las pequeñas libertades que aún tenemos. Admirar la naturaleza, visitar a los amigos, abrazar a nuestros seres queridos, compartir los alimentos y la buena plática, reírnos y llenar nuestro espíritu de un ánimo creativo, solidario.
-Al mal tiempo buena cara, reza el refrán -cita Memo y agrega-: Hay que buscar refugio en las cosas sencillas, aun cuando el mundo esté envuelto en llamas.