Mi expediente 19446/2024, sin novedad
Hace dos años, un 11 de marzo como hoy, pero de 2024, el espacio de esta columna apareció en blanco.
Fue el mensaje de protesta, y a la vez de solidaridad de Carlos y Juan Carlos Álvarez del Castillo, los propietarios del periódico EL INFORMADOR y de todo el equipo de esta, mi casa editorial, por la privación ilegal de la libertad de la que fui víctima en represalia por mi trabajo periodístico, y que me impidió aquel lunes escribir la columna que se publicaría al día siguiente.
Como lo narré desde el 13 de marzo de 2024, que mis raptores decidieron liberarme esa madrugada en uno de los ingresos del municipio de Magdalena, Jalisco, a poco menos de 80 kilómetros de Guadalajara, un comando de cinco hombres fuertemente armados me sometió cuando iba saliendo de las anteriores instalaciones de Megaradio, donde hacemos el noticiario Líder Informativo, que en aquel momento emitíamos de una a dos de la tarde.
Era lunes, inicio de semana, y así como ya no pude enviar la columna del martes para el periódico, tampoco pude llegar esa noche a la emisión nocturna de Las Noticias N+ Guadalajara, el noticiero local de TelevisaUnivisión en el que laboro.
Para las nueve de la noche, que inicia el programa, se habían cumplido las muy lentas y difíciles primeras siete horas de mi rapto y cautiverio, y fue a mi compañera Trini Rodríguez quien tuvo que dar la noticia, luego de que el entonces gobernador Enrique Alfaro la hizo oficial, al menos una hora después de que mi familia había reportado mi desaparición en redes sociales.
Para el martes, que tampoco pude acudir a la grabación de Con todo Respeto, el programa de opinión en el que participo en el Canal 44 de la Universidad de Guadalajara, aquella agresión al ejercicio periodístico había generado ya muchas manifestaciones de solidaridad de mis colegas y del público, que agradeceré siempre porque sin duda fueron un factor clave para que pudiera estar contando aquí aquella terrible experiencia para mí y para mi familia. Ese apoyo fue también determinante para neutralizar la millonaria campaña de difamación que se montó desde el poder para desvirtuar lo sucedido y hacerlo parecer como una simulación. Reitero, a ninguno de los que orquestaron esa infamia les deseo un solo minuto de lo que padecí en esas más de 36 horas vendado de los ojos, esposado y tableado.
En espera de que recapitular mi caso, y consignar que a dos años de lo ocurrido sigue en la más completa impunidad, contribuya a que no se repita un ataque más a ningún colega, debo dar cuenta que del expediente 19446/2024, que comprendía hace un año 1900 fojas, no tuve a lo largo de los últimos doce meses ninguna novedad. Los únicos vinculados a proceso siguen siendo dos pintores, padre e hijo, que trabajaban en la camioneta en la que, aseguran, me subieron a la fuerza. Sigo sin saber quiénes fueron los autores materiales, y mucho menos los intelectuales de aquella afrenta.