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“Proyecto Fin del Mundo”: Entretenimiento apocalíptico

En 1998 se estrenó “Armageddon”, una película de catástrofe y ciencia ficción altamente entretenida, la cual integraba recursos de melodrama conmovedor en plan lacrimógeno y de cine de superación. Se acercaba el cambio de siglo y había en el aire -y en el sentir popular- un tufillo apocalíptico. Fue un éxito. Hoy llega a salas de cine “Proyecto Fin del Mundo” (“Project Hail Mary”) de Lord & Miller, un largometraje distinto, pero emparentado al ya citado filme de Michael Bay. El flamante estreno también anuncia un cataclismo definitivo, llega a los cines en un momento de desasosiego colectivo, implica que una tripulación viaje fuera de este mundo para encontrar la solución al problema que nos aqueja, entre otros paralelismos. Si bien se ejerce bajo sus propios términos, está claro que (si el público la favorece), “Proyecto Fin del Mundo” podría ser la “Armageddon” de esta generación. De lo que carece, en todo caso, es de un himno pop del tamaño de “I Don’t Wanna Miss a Thing”.

Ryland Grace (interpretado por un Ryan Gosling capaz de vender lo que sea) es un profesor de primaria con un doctorado en biología molecular, quien vive en un mundo al borde del colapso a causa de los desmanes que está provocando un microorganismo alienígena. Una misión internacional lo intercepta para pedirle su opinión sobre el asunto y, de pronto, se descubre como parte fundamental del plan diseñado para salvar a la humanidad de la extinción. El problema es que la respuesta se encuentra en otra galaxia.

“Proyecto Fin del Mundo” es una pieza de entretenimiento rotunda: sin confrontaciones, cómoda, con efectos especiales de punta y secuencias de acción emocionantes. Todo lo que dicta el librito de los “blockbusters” de Hollywood. Sería una pieza convencional y de bostezo si no fuera por su giro de tuerca: en cierto punto de la trama, el relato se convierte en una “buddy movie” (una peli de amigos) y, de esta forma, adquiere sus lecturas temáticas más interesantes.

El filme de los directores de “The Lego Movie” y “21 Jump Street” (y guionistas de “Spider-Man: A través del Spiderverso”) se transforma en una aventura sobre estrechar los lazos, sobre la complejidad de expandirnos más allá de nosotros mismos, sobre superar el miedo a la otredad, sobre las relaciones con el “otro”, con aquellos que son diferentes a mí y sobre cómo “yo” soy insuficiente para arreglar los problemas del mundo, ya que necesito del “otro” y sus diferencias para salir adelante; es una pieza sobre cómo, si combinamos nuestros conocimientos, tradiciones, voluntades y bienes, podemos aspirar a algo más grande.

Es, además, un filme sobre cómo se puede procurar el bienestar propio sin descuidar el bienestar ajeno. Es en este punto donde la peli abandona su acartonamiento y se vuelve disfrutable. Al ser una película comercial, el discurso se ejerce con un carácter “pop”, ligero, placentero, comedido incluso; sin embargo, el mensaje está ahí sembrado y sería nuestra prerrogativa reflexionar sobre él.

Basada en la novela de Drew Goddard (que seguro verá disparadas sus ventas tras el estreno), estoy seguro de que “Proyecto Fin del Mundo” será calificada por la crítica como “una película de ciencia ficción con corazón” o con frases similares. La película tiene la factura, las tonalidades e intenciones de una pieza épica, de esas con la vibra de “es más grande que la vida”; en ella no hay nada original, pero Lord & Miller se apegan de forma solvente a las máximas de que “no hay nada nuevo bajo el sol” y que “nadie inventa el hilo negro”. Así logran seducir al espectador, porque la cinta nos resulta familiar, inmediata y accesible.

Con suerte, además de la reflexión sobre la otredad, “Proyecto Fin del Mundo” también será una de esas cintas que inspiran a los chavos a pensar en la ciencia como un camino viable para aportarle algo a la humanidad… o a su comunidad inmediata. Eso está chido. Eso lo celebro: tener en cartelera una peli hípercomercial e inane, pero que invita a volver a creer en la ciencia como un recurso transformador y de salvación, en la tecnología como espada y escudo de nuestra cruzada por el bien común, en vez de usarla para destruirnos mutuamente; una odisea galáctica sobre la voluntad humana, sobre tomar las decisiones correctas en los momentos más difíciles usando el conocimiento como palanca. Porque, sí, estamos juntos en esto.

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