Punch, la historia que conmovió al mundo
A “Punch”, un pequeño macaco japonés, lo rechazó su madre al nacer. Aunque los primeros meses los encargados del zoológico lo alimentaron y cuidaron, en enero comenzaron el proceso de reintegración a la manada. Al ser un changuito que está solo y aislado del resto de los monos, sus cuidadores le dieron un orangután de peluche, que se convirtió en madre sustituta, donde encontró refugio y compañía.
Las imágenes de “Punch” han generado ternura, con miles de personas dándole seguimiento a su historia: un changuito huérfano aferrado a un muñeco de peluche que le brinda seguridad, al que se abraza para dormir, donde se acurruca buscando tranquilidad y consuelo cuando está inquieto… que trae arrastrando consigo por todo el cautiverio como compañía, mientras poco a poco lo aceptan los de su especie.
En los años 50, el psicólogo Harry Harlow hizo una serie de experimentos con crías de monos rhesus, que prefirieron aferrarse a una figura suave de tela, aunque no les diera alimento, antes que a una estructura metálica que sí les proporcionaba leche. Así demostró que el vínculo entre madre e hijo va más allá de solo cubrir necesidades básicas como la alimentación y que, para el desarrollo social y emocional de los mamíferos (incluidos los humanos), son fundamentales el apego, el amor, el contacto físico y la sensación de seguridad. Lo que “Punch” ha encontrado en su muñeco.
En el zoológico de Ichikawa, Japón, algunos monos ya comenzaron a tener contacto físico con el pequeño changuito de siete meses; se les ve jugando con él, abrazándolo, despiojándolo y hasta reprendiéndolo. Sus imágenes tocan temas universales sobre la necesidad de apego y protección emocional que compartimos muchas especies, incluyendo los humanos.
Primero, la felicidad, por los videos donde “Punch” está tirado en el suelo, hecho bolita, quietecito, mientras lo espulgan, lo que se ha interpretado como sinónimo de aceptación en la manada. Después, la preocupación porque el changuito llora y grita al ser arrastrado salvajemente por un mono adulto, del que logra librarse y salir corriendo para refugiarse abrazado a su muñeco de peluche.
El zoológico emitió un comunicado explicando que es parte de la dinámica social de los macacos japoneses y que podría tratarse de un correctivo o una reprimenda. “Probablemente sea la madre de un mono con el que ‘Punch’ intentó comunicarse. Probablemente sintió que ‘Punch’ molestaba a su bebé y se molestó”, indicaron.
Los seres humanos vivimos rodeados de historias, crecemos escuchándolas y aprendiendo de ellas. Esta ha dado la vuelta al mundo y “Punch” es el protagonista, despertando empatía con su vulnerabilidad, pero también esperanza.
El pequeño macaco y su muñeco de peluche son reflejo de lo que todos los seres humanos necesitamos para la supervivencia: cariño, cuidado, consuelo, compañía y seguridad. Un “refugio seguro” que a veces encuentras en tus cuidadores o en tu manada. Promovamos el derecho a la ternura.