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Afloja una tuerca Trump

Las fotografías de la Presidenta Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional en sus dos últimas conversaciones telefónicas con el presidente Donald Trump muestran quién tenía la urgencia de hablar con su contraparte. En la penúltima, el 12 de enero, ante las amenazas de intervención militar en México tras la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela, Sheinbaum necesitaba disipar el humo y clarificar cosas, por lo que aceptó —por razones desconocidas— comunicarse a través del equipo encriptado del gobierno de Estados Unidos. La última, ayer, lo que sugiere que era Trump quien tenía ahora la urgencia de hablar con ella fue otro símbolo: El equipo de comunicación utilizado fue el mexicano.

No sería para menos. La captura de Bryan Wedding, perseguido por Estados Unidos durante una década por delitos de narcotráfico, se realizó sin informar a las autoridades consulares de Canadá, de donde es súbdito, por un acuerdo secreto entre los dos países cuyo manejo público llevó a una situación, que debieron evaluar, podría quebrarse, agravado por el protagonismo de la fiscal Pam Bondi y el director del FBI, Kash Patel, que aseguraron que Wedding había sido capturado por una unidad de élite suya, desnudando al Gobierno mexicano, que repite que no hay operaciones conjuntas en su territorio.

En sus comunicaciones personales sobre la llamada, Sheinbaum y Trump no dijeron nada al respecto. La Presidenta buscó recuperar legitimidad ante la opinión pública apoyándose en el mensaje de su contraparte, que la volvía a empapar de miel. En la suya, Sheinbaum fue menos específica sobre los puntos tratados, pero por su lenguaje de cuerpo, que suele ser más claro que su palabra, se veía contenta. No volvieron a hablar de participación militar de Estados Unidos en México, resaltó, buscando sellar con ello cualquier duda sobre acciones conjuntas, cuya negación, al menos pública, es un mantra del régimen.

No se sabe si el arreglo de la llamada fue antes o después de que anoche el periódico The Wall Street Journal, revelara que la captura de Wedding fue una operación conjunta entre las fuerzas de seguridad mexicanas y la Unidad de Rescate de Rehenes del FBI, que volvió a poner en entredicho a Sheinbaum y a la cooperación entre los dos países. La Presidenta, apelando a un acto de fe de quien la escuchara, hizo una negación selectiva a partir del encabezado del diario que hablaba de una “redada” del FBI, pero sin desmentir la sustancia de la revelación, sino confirmando que fue conjunta con los mexicanos.

Su versión que se había entregado en la Embajada, quedó 50 metros bajo tierra. Su dicho que no sabía cómo había sido la detención de Wedding, enterrado todavía más.

La llamada de Trump parece un control de daños, porque Patel había ido más allá de sus instrucciones. Sheinbaum lo recibió por petición del secretario de Estado, Marco Rubio, y el propósito era concretar un protocolo de intercambio de información para detener a los líderes restantes de los cárteles, y que de paso fuera testigo de primera mano de cómo la cooperación estaba dando frutos, con la detención de César Alejandro Sepúlveda, “El Botox”, líder del grupo criminal en la zona limonera de Michoacán, y de Wedding.

Patel y su jefa Bondi tensaron la relación con México, luego que la Presidenta había aceptado finalmente, permitir operaciones conjuntas no militares contra criminales en territorio mexicano, que se mantendrían en secreto porque es algo muy costoso frente al ala radical del régimen.

Sheinbaum mantuvo su silencio y negación sobre lo que acordó en privado, y ayer reiteró que el único nivel de cooperación es sobre intercambio de información, volando sin ver el párrafo 14 del despacho del Journal —del que tampoco nadie le preguntó en la mañanera—, que el FBI estaba mapeando otros objetivos en territorio mexicano para realizar operaciones conjuntas con las fuerzas nacionales. El lunes pasado en este espacio se mencionaron tres objetivos sobre los cuales hay planes de acción.

Los acuerdos a los que llegaron los dos gobiernos tiene como contexto la inevitabilidad de que el rechazo mexicano los contuviera. Hace poco más de dos semanas, en comunicaciones informales, les dijeron que habían incrementado los vuelos sobre territorio mexicano a alturas que no alcanzan a registrar sus radares, con el propósito de que estuvieran enterados. A los funcionarios mexicanos les dolió, pero no protestaron. La opción fue autorizar, al menos en forma, que se realizaran.

Funcionarios estadounidenses dijeron que la mayoría de los vuelos de aviones militares y civiles tienen como propósito recolectar información e intervenir las comunicaciones de los grupos criminales, que algunos de ellos realizan a alturas que puedan ser “vistos” por los rastreadores comerciales de aviones. Un ejemplo se dio en la última semana, al ser “visto” por la aplicación Flightradar24 un Poseidón, un Boeing P-8A, que es un avión artillado de reconocimiento y con gran capacidad para recolectar información de inteligencia, sobrevolando desde aguas internacionales las penínsulas de Baja California y Yucatán.

El P-8A Poseidón ha convertido a la península de Baja California una zona de constante de recolección de información e intervención de comunicaciones permanente, desde el primer vuelo que se registró en febrero del año pasado, días después de asumir Trump la Presidencia. Salvo en una ocasión conocida, el 3 de febrero pasado, ninguno ha volado sobre territorio mexicano. El viernes anterior voló en la zona de Tijuana —antes llegaba hasta San Quintín—, mientras que en la otra punta del país una nave similar voló por Coatzacoalcos, la zona petrolera y Mérida. El martes hubo otro vuelo por Tijuana y uno más en el Golfo hasta Martínez de la Torre, Veracruz.

Los vuelos, que subirán su frecuencia, son las primeras autorizaciones de la Presidenta Sheinbaum por las presiones del Gobierno de Trump. Con esto, el jefe de la Casa Blanca no tiene que seguirla presionando para que acepte acciones militares en territorio mexicano, porque en la práctica, ya las permitió, aunque no para el combate de criminales, como quiere él, sino para recoger información que les permita a unidades civiles, como la que participó en la captura de Wedding, actuar en este país.

La Presidenta Sheinbaum ya no tiene espacio de maniobra, y está cediendo lo menos por más, en términos de interés nacional: criminales para salvar el acuerdo comercial norteamericano.

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