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Soberanía en tiempos imperiales

La confirmación de que el Gobierno mexicano suspendió la entrega de petróleo a Cuba, es la más reciente confirmación de que, en tiempo imperiales de la presidencia de Donald Trump, la soberanía mexicana es mera ficción. A pesar de que la Presidenta Claudia Sheinbaum intentó justificar que la decisión de vender o dejar de vender crudo a la isla, por razones humanitarias debido al bloqueo de Estados Unidos, es una decisión soberana de México, en realidad todo indica que se debe a las intensas presiones del gobierno de Estados Unidos, especialmente después de la invasión norteamericana a Venezuela el pasado 3 de enero.

Días después de esa invasión, Donald Trump declaró: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba ¡Cero!”, escribió en su red social. Luego que durante varios años el petróleo venezolano fuera el sustento del sistema energético cubano, en 2024 y 2025, México se había constituido en el principal proveedor de crudo a Cuba con 12.3 miles de barriles diarios. Ahora, sin el petróleo mexicano, el sistema energético cubano sufrirá graves consecuencias, y por lo tanto la población de la gran isla del Caribe.

Las exigencias más abiertas de que México dejara de vender petróleo a Cuba venían de algunos legisladores, especialmente del ala anticastrista, como la congresista María Elvira Salazar, de origen cubano quien celebró: “Esta es una gran noticia y una señal clara de que el final del régimen cubano se acerca. La semana pasada le pedí directamente a la Presidenta Sheinbaum que dejara de financiar a la dictadura con petróleo gratis”.

Sin embargo, la Presidenta no admitió ninguna presión o injerencia de Estados Unidos para tomar esta decisión. Pero las señales de presión imperial hacia México son muchas como para no advertir una erosión de la soberanía. De hecho, comenzaron todavía bajo la administración del demócrata Joe Biden y del presidente Andrés Manuel López Obrador con la operación para detener a “El Mayo” Zambada en 25 julio de 2024. Todo indica que se trató de una operación preparada por agencias antidrogas norteamericanas.

Otros ejemplos muy concretos de esa presión imperial son las tres entregas de presuntos capos y jefes del narcotráfico en México a autoridades de Estados Unidos. La primera el 27 de febrero 2025 con 29 detenidos; la segunda en agosto de 2025, con la entrega de 26 integrantes de cárteles; y la tercera el 21 de enero con el traslado de otros 37 operadores criminales. En total, un tributo de 90 líderes criminales a Estados Unidos en menos de un año. A estos hechos que ponen duda sobre la soberanía mexicana hay que añadir otros acontecimientos como el sobrevuelo de aviones espía, el aterrizaje de avión militar en el aeropuerto de Toluca el 17 de enero y ahora la suspensión de venta y entrega de petróleo a Cuba.

En todos los casos, el Gobierno mexicano ha asegurado que no se ha vulnerado la soberanía mexicana y que dentro de ese marco puede haber cooperación, pero jamás subordinación. Pero la evidencia y el contexto geopolítico contradice el discurso de la presidencia.

Los politólogos Norberto Bobbio y Nicola Matteuccci sostienen que el concepto de soberanía “sirve para indicar el poder de mando en última instancia en una sociedad política y, por consiguiente, para diferenciar a ésta de otras asociaciones humanas, en cuya organización no existe tal poder supremo, exclusivo y no derivado”. México, lamentablemente, no tiene en estos tiempos imperiales “tal poder supremo, exclusivo y no derivado”.

Por más que se proclame la soberanía en México por parte del Gobierno, en los hechos está claro que las capacidades del poder imperial que Estados Unidos está ejerciendo ahora de manera burda y descarnada (y no enmascarado en un discurso de cooperación entre iguales), hacen que nuestra soberanía esté o debilitada, vulnerada o incluso anulada.

Y esto ocurre a pesar del deseo y de la posición de izquierda de la Presidenta. En su descargo, hay qué decir que esta vulneración de la soberanía por parte del Gobierno de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, ocurren en tanto en Canadá, Groenlandia, en Europa y de manera más descarnada en Venezuela y contra Cuba.

Ya sea por sus capacidades económicas, comerciales o directamente militares (como en Venezuela), Estados Unidos está imponiendo sus designios imperiales. Van por la caída del régimen en Cuba y para ello, obligaron a México a dejar de vender petróleo a la nación que se atrevió a desafiar a Estados Unidos con una revolución nacionalista a unos kilómetros de sus costas.

rubenmartinmartin@gmail.com

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