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Trump, al borde del precipicio

El presidente Trump en 11 días cambió el tono de la amenaza, del “por las buenas o por las malas”, que dijo el pasado 10 de enero sobre la intención de adjudicarse el territorio de Groenlandia, al “No tengo por qué usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No la usaré”, según dijo ayer en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, aunque sí dejó clara su advertencia a los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) -que se oponen a la pretensión-, al decirles -en otro tono- que “Tienen dos opciones. O aceptan, y estaremos agradecidos. O se niegan, y lo recordaremos”.

En el fondo, nada ha cambiado, Trump tiene al borde del abismo a la relación de Estados Unidos con la comunidad europea, solo que ayer quiso “dorarles la píldora” con un juego de palabras, poniéndose “cara de misericordia” y llegando a un acuerdo temporal para un futuro acuerdo de seguridad en el Ártico y de momento no aplicar los aranceles con los que había amagado.

Pero la voluble altanería de Trump lo tiene al borde del precipicio por su falta de credibilidad, apoyo ciudadano, de quienes se oponen en su propio partido y de muchos sectores fundamentales de la sociedad. El lunes pasado los tres clérigos católicos de más alto rango en Estados Unidos -los cardenales Blase Cupich, arzobispo de Chicago; Robert McElroy, arzobispo de Washington, y Joseph Tobin, arzobispo de Newark- señalaron en un comunicado que “El papel moral de Estados Unidos -desde el final de la Guerra Fría- para confrontar el mal en el mundo, está en entredicho”, por las decisiones que se han tomado desde la Casa Blanca.

El viernes pasado una encuesta de CNN revela lo polarizado que están los estadounidenses, pero más que nada lo negativa que es la percepción de la opinión pública ante su presidente, por sus “prioridades equivocadas” en política exterior y por su mínimo interés por abocarse a temas domésticos, como es el caso del costo de vida, cuando el principal tema de su campaña fue reducir los precios, además de la inflación.

Con una mayoría ciudadana -de casi el 60 por ciento- que califica el mandato de Trump como un fracaso, el mismo Trump está “construyendo” un marco perfecto para que en las elecciones de noviembre pierda el control de la Cámara de Representantes y del Senado, y de esa manera, sin el respaldo del Congreso, esté acabado con su carrera política -con riesgo de un “impeachment”- y exponiéndose a que sea juzgado penalmente por sus innumerables acciones delictivas por las que se le señala.

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