Así surgió uno de los dulces más conocidos por los jaliscienses
Lo que comenzó como una adaptación mexicana de un dulce europeo terminó por convertirse en uno de los sabores más representativos de Jalisco
En México hay sabores que forman parte de la memoria colectiva, especialmente en Estados con una fuerte tradición dulce como Jalisco, entre ellos destaca un pequeño dulce redondo y frágil que, con el paso de los años, se convirtió en uno de los favoritos de generaciones enteras, sin embargo, detrás de su popularidad existe una historia que comienza siglos atrás y que mezcla tradición europea con innovación mexicana.
Aunque hoy es considerado un clásico de las golosinas mexicanas, el origen del mazapán se remonta a España, específicamente a la ciudad de Toledo, de acuerdo con el sitio Culinaria Mexicana, su nacimiento está ligado al Convento de San Clemente, donde las monjas habrían creado el llamado “pan de maza” tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212.
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La receta surgió como una solución ante la escasez de alimentos, en aquel momento no había trigo en la ciudad, pero sí abundaban dos ingredientes: azúcar y almendras, con ellos se elaboró un dulce sencillo que, según la tradición, ayudó a alimentar a la población durante tiempos difíciles e incluso a algunos cristianos durante la Reconquista.
Con el paso del tiempo, el mazapán comenzó a adquirir prestigio, pues crónicas atribuidas al rey Alfonso VII de León y Castilla lo describían como un “postre de reyes”, y algunos de los primeros ejemplares incluían figuras que representaban a un monarca sentado.
Con la llegada de los españoles a América, el dulce cruzó el Atlántico y llegó a México, donde comenzó a transformarse, a la receta original se le incorporaron ingredientes locales como pepitas y cacahuate, dando paso a nuevas versiones adaptadas al gusto del país.
Mazapán en Jalisco
Fue hasta 1950 cuando este dulce alcanzó gran popularidad en México gracias a la empresa jalisciense Dulces de la Rosa; su fundador, Jesús Michel González, quien trabajaba en una farmacéutica, aprendió sobre distintas fórmulas y experimentó hasta crear las llamadas “Conitas”, consideradas el primer mazapán elaborado con cacahuate.
Ante la creciente competencia en Guadalajara, la empresa comenzó a comercializar el producto fuera de la ciudad, poco a poco, el público empezó a identificarlo como “Mazapán de la Rosa”, nombre inspirado en la flor que aparecía en su logotipo.
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A diferencia de muchos productos que cambian con el tiempo, este dulce mantuvo prácticamente intacta su fórmula durante décadas: cacahuate molido y azúcar comprimidos en una pieza individual que se desmorona con facilidad. Esa característica, lejos de ser un defecto, terminó por convertirse en parte de su encanto.
Con los años, el mazapán dejó de ser solo una golosina y comenzó a integrarse a distintas preparaciones: desde helados y panes hasta atoles, pulque y postres caseros, aun así, su versión original nunca perdió protagonismo.
Impulsada por el éxito del producto, la compañía adoptó el nombre de Dulces De la Rosa y actualmente opera desde San Pedro Tlaquepaque, en Jalisco, llevando consigo un sabor que muchos asocian con la infancia.
Así, lo que comenzó como una adaptación mexicana de un dulce europeo terminó por convertirse en uno de los sabores más representativos de Jalisco y en un producto que hoy se disfruta en todo México e incluso en varios países de Latinoamérica.
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