México

Mujeres presas, sus delitos e historias en México

Varias de las mujeres presas en México sostenían a sus familias antes de su detención

Las mujeres presas en México viven una realidad difícil. Muchas de ellas reconocen sus faltas y emprenden un camino de resignificación. Esta es su situación y cómo la vida les presenta un nuevo reto: la reiniciersión social.

En México, más de 13 mil 800 mujeres se encuentran en prisión por delitos del fuero común. De ellas, 675 están recluidas en centros de reinserción social en Jalisco. Son hijas, hermanas o madres. Varias sostenían a sus familias antes de su detención y otras arrastran historias marcadas por la violencia, la pobreza o el abandono institucional. Aunque con frecuencia su historia queda reducida al delito por el que fueron sentenciadas, dentro de los centros penitenciarios enfrentan procesos personales que van más allá de una condena.

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“Incluso, afuera hay personas que viven oprimidas, en una misma cárcel en su ser”, reflexiona Inocencia, quien ingresó a prisión a los 21 años y está por cumplir casi 11 años privada de la libertad. Sus palabras son resultado de un proceso personal construido durante años de distancia con sus hijos y su madre, así como del esfuerzo por continuar sus estudios y trabajar desde la cárcel para sostener a su familia.

En prisión, cuenta, encontró algo que antes no tenía: conciencia de sí misma y de la vida que llevaba. Reconoce que en su juventud no supo poner límites y que una autoestima frágil la llevó a aceptar situaciones que hoy identifica como dañinas. El encierro, afirma, la obligó a detenerse y replantear su camino.

Una experiencia similar comparte Alejandra. Su historia, dice, tampoco comenzó el día en que ingresó a la prisión. Antes hubo decisiones, contextos y responsabilidades que no pueden reducirse a un expediente judicial. La reclusión la llevó a detener el ritmo de su vida y reflexionar sobre las circunstancias que durante años normalizó.

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Durante este tiempo decidió continuar estudiando y prepararse para el futuro. Su principal motivación es su hija, diagnosticada con autismo, por quien asegura no rendirse. También piensa en el reencuentro con su madre, quien ha sido un apoyo constante durante su proceso.

La lucha por los derechos no excluye a quienes se encuentran en reclusión. Ellas también enfrentan estigmas, rupturas familiares y el desafío de una reinserción social que, en muchos casos, será compleja. Sus historias recuerdan que, aun tras una sentencia, siguen siendo personas que buscan aprender de sus errores y recomponer el camino.

Delitos más recurrentes:

  • Robo (el más común en cárceles estatales).
  • Delitos contra la salud (narcotráfico o transporte de drogas).
  • Narcomenudeo.
  • Delincuencia organizada.
  • Homicidio.
  • Violencia familiar.

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Las adversidades de las presas

  1. Separación familiar, especialmente de hijas e hijos que quedan al cuidado de otros familiares o instituciones.
  2. Estigmatización social, que dificulta su reinserción laboral y comunitaria al recuperar la libertad.
  3. Procesos judiciales largos y complejos, con acceso limitado a asesoría legal adecuada.
  4. Condiciones económicas precarias, pues muchas eran jefas de familia antes de su detención.
  5. Afectaciones emocionales y de salud mental, derivadas del encierro, la culpa y la distancia con sus seres queridos.
  6. Escasas oportunidades laborales dentro y fuera de prisión.
  7. Limitaciones en educación y capacitación, aunque algunos centros ofrecen programas de estudio.

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