Desde Morelia, Michoacán, la familia García emprendió el viaje con un objetivo claro: vivir juntos una edición más del Clásico Nacional. Entre la ilusión de ver a sus equipos ganar, camisetas y mucha expectación, padres, mamás, hijas y amigos, recorrieron varios kilómetros para ser parte del ambiente que rodea el duelo más esperado del futbol mexicano.Lo que hace especial su historia no es solo la distancia, sino la rivalidad que vive dentro de casa. Mientras algunos portan con orgullo los colores del América, otros defienden con pasión la camiseta de Chivas. Sin embargo, lejos de dividirlos, esta diferencia se ha convertido en una tradición familiar que alimenta bromas, apuestas amistosas y largas charlas futboleras en cada reunión.“Desde diciembre empezamos a ahorrar, aprovechando que nos dieron el aguinaldo y que sabíamos que el juego iba a ser en Guadalajara, nos gusta mucho venir al estadio AKRON”, dijo uno de ellos.La familia explica que cada integrante puso de su parte con tal de costear el viaje, boletos y gastos del día. Para ellos, no se trata solo de ver un partido, sino de compartir una experiencia que refuerza sus lazos.Ya en las inmediaciones del Estadio Akron, el ambiente terminó por confirmar que el esfuerzo había valido cada peso. Los García aseguran que el futbol tiene un significado especial en su hogar. Aunque durante 90 minutos se conviertan en rivales, fuera de la cancha prevalece el cariño.“Cada peso está bien gastado, porque el futbol nos une y nos permite tener esta convivencia que, en muchas familias, seguro no existe”, afirman convencidos.Para ellos, el Clásico Nacional no solo representa una rivalidad histórica, sino también una oportunidad para reencontrarse y fortalecer su unión. Porque, más allá del marcador, el futbol sigue siendo el pretexto perfecto para estar juntos, celebrar sus diferencias y demostrar que el amor familiar siempre gana el partido más importante.SV