La decisión de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) de negar el arrendamiento del Estadio Olímpico Universitario a Cruz Azul para el torneo Clausura 2026 no fue producto de un solo factor. Aunque el argumento oficial señala compromisos previamente adquiridos, distintas situaciones acumuladas terminaron por cerrar la puerta del inmueble a La Máquina.De acuerdo con información recabada, la respuesta formal enviada a Víctor Velázquez Rangel, presidente del club cementero, justificó la negativa en la saturación de eventos programados en el Olímpico de CU durante el primer semestre de 2026. Sin embargo, al interior de la UNAM existen razones adicionales que pesaron de manera determinante.Uno de los episodios más sensibles ocurrió en octubre de 2025, cuando un aficionado de Cruz Azul, Rodrigo Mondragón, perdió la vida en el Estadio Olímpico 68. Para las autoridades universitarias, el hecho afectó seriamente la imagen del recinto y generó incomodidad institucional.Además, dentro de la UNAM se interpretó que el comunicado emitido por Cruz Azul tras el fallecimiento fue percibido como un señalamiento directo hacia el personal universitario encargado de la operación del estadio, lo que deterioró aún más la relación entre ambas partes.Desde el Club Universidad, la postura ha sido de distancia. Antonio Sancho, vicepresidente deportivo de Pumas, aclaró que el tema corresponde exclusivamente a la UNAM y no al club auriazul.“Desconozco cómo hayan sido las pláticas entre la Universidad y Cruz Azul. Nosotros tenemos buena relación con las directivas del futbol mexicano”, señaló en conferencia de prensa.Cabe recordar que, en eventos deportivos, gran parte de la logística y operación del Estadio Olímpico corre a cargo de personal universitario, razón por la cual desde la UNAM se optó por limitar el uso del inmueble a partidos de Pumas y a compromisos oficiales del Club Universidad, incluidos torneos internacionales.A este contexto se suman tensiones previas entre las directivas de Cruz Azul y Pumas, particularmente tras la fractura del arquero Kevin Mier, provocada por una dura entrada de Adalberto Carrasquilla. En su momento, el club celeste evaluó solicitar la inhabilitación del mediocampista panameño, una postura que generó incomodidad en el entorno universitario.Aunque la sanción nunca prosperó, dentro de Cruz Azul se percibe que este episodio influyó indirectamente en la negativa actual, interpretándola como una especie de revancha institucional.Uno de los principales motivos de molestia en la directiva cementera fue el tiempo de respuesta. La UNAM tardó 81 días en contestar formalmente la solicitud, pese a que —según Cruz Azul— existía un acuerdo de palabra para permanecer un semestre más en CU.La idea original era disputar el Clausura 2026 en el Olímpico Universitario y regresar al Estadio Banorte para el Apertura 2026, una vez concluidas las remodelaciones del inmueble que será sede del partido inaugural del Mundial.La negativa oficial llegó el 6 de enero de 2026, mediante un oficio firmado por el secretario de Prevención y Apoyo a la Movilidad y Seguridad Universitaria, cargo asumido apenas en noviembre del año anterior. En el documento se detallan compromisos como la participación de Pumas en la Liga MX y en la Concacaf Champions Cup.En torneos anteriores, Cruz Azul pagaba poco más de 1.3 millones de pesos por partido disputado en el Estadio Olímpico, además de contratos de consumo con concesionarios del recinto. La salida de CU representa no solo un golpe logístico, sino también financiero y deportivo.Tras no encontrar espacio en el Estadio Ciudad de los Deportes, la directiva celeste optó por trasladar su localía al Estadio Cuauhtémoc de Puebla, donde jugarán todos sus partidos como locales en el Clausura 2026 bajo el mando de Nicolás Larcamón.Aunque en La Noria aseguran estar tranquilos con la decisión, reconocen que el cambio de sede generará incomodidades tanto para el equipo como para la afición. Lo cierto es que, al menos por ahora, el Estadio Olímpico Universitario dejó de ser una opción para Cruz Azul.TG