La reciente partida de Allan Saint-Maximin del Nido de Coapa refuerza una tendencia preocupante en el futbol mexicano: el currículum no garantiza éxito en la Liga MX.El francés llegó al América en el Apertura 2025 con la etiqueta de ser el regateador más desequilibrante que hubiera pisado México en la última década. Sin embargo, su paso fue efímero, gris y terminó abruptamente, tras una pobre cosecha de tres goles en 16 partidos y una evidente desconexión con el sistema de André Jardine.El caso de Saint-Maximin evoca fantasmas similares. Florian Thauvin, quien llegó a Tigres con 28 años y una medalla de campeón del mundo, es quizá el fracaso más costoso. Pese a su calidad técnica, el ritmo de la Liga MX y las exigencias físicas de la zona norte del país terminaron por desdibujarlo hasta su rescisión de contrato. Lo mismo ocurrió con Jérémy Ménez en el América; un jugador de clase mundial cuyo cuerpo no resistió la intensidad del futbol azteca.No es falta de talento. La mayoría de estos jugadores llegan en su “prime” (entre los 26 y 30 años), pero subestiman el factor geográfico y la competitividad de una Liga que premia más el orden táctico y la garra que el nombre en la camiseta.Mientras Monterrey y Tigres siguen apostando por nombres como Sergio Canales, quien ha mostrado chispazos pero sigue luchando contra su historial clínico, el América parece haber aprendido una lección amarga con Saint-Maximin: una “bomba” mediática suele dejar más ruido que títulos si no existe una adaptación inmediata al entorno sociocultural de México. La historia de la Liga MX está llena de jugadores que “venían a comerse la liga” y terminaron devorados por la presión de una afición que no vive de recuerdos, sino de resultados dominicales.La salida de Allan Saint-Maximin del Club América este febrero de 2026 marca un nuevo capítulo en la historia de los “fichajes bomba” que no lograron explotar en México. A pesar de llegar con 28 años y un cartel de estrella europea, el francés se marcha tras solo un semestre, citando problemas de adaptación y rendimiento y un episodio de discriminación hacia su familia.Estos nombres confirman que la Liga MX tiene un filtro invisible: la adaptación física. No importa si vienes de la Bundesliga o de la Premier League; si no respetas la altitud, el clima y el contacto físico del defensor mexicano, el fracaso es el único destino seguro.Djalminha El brasileño era un mago, un “10” clásico que venía de la época dorada del “Súper Depor”. Sin embargo, llegó a un América que exigía dinamismo. Su desgano fue tal, que la afición lo abucheó rápidamente, demostrando que en Coapa el talento sin sudor no vale nada.Bebeto Su llegada a Toros Neza fue surrealista. Aunque ya no era un niño, seguía siendo un delantero de élite mundial. El problema fue que llegó a un equipo que era puro caos y folclore. Tras un sismo en la Ciudad de México, el brasileño entró en pánico y rescindió su contrato, dejando una sensación de que nunca quiso estar realmente aquí.Bernd Schuster Lo de Schuster fue casi una falta de respeto a los Pumas. Con un currículo que incluía al Real Madrid y Barcelona, el alemán nunca se adaptó a la altura de la capital ni a la garra de los canteranos universitarios. Su salida, bajo el pretexto de un problema dental antes de un partido clave, quedó marcada como una de las excusas más pobres en la historia de la Liga.GS