El arranque de 2026 marca un punto de inflexión en la política fiscal de México, sin estridencias, pero con señales claras, el gobierno federal ha comenzado a mover las piezas de una estrategia que apunta a reforzar la recaudación interna y a redefinir la relación entre el fisco y los contribuyentes. Detrás del discurso de modernización y eficiencia, se perfila un mensaje contundente: el margen para incumplir se está reduciendo.En un entorno de ajustes macroeconómicos y tras años de acelerada digitalización, la Secretaría de Hacienda decidió apostar por un modelo tributario menos dependiente de los vaivenes del petróleo o del endeudamiento externo. El objetivo central es blindar el gasto público de 2026 con ingresos propios sólidos, y para lograrlo el Servicio de Administración Tributaria (SAT) ha endurecido su postura como no se veía en décadas.La recaudación se ha convertido en un eje clave para la estabilidad del peso mexicano. Con sistemas de Inteligencia Artificial operando a plena capacidad en aduanas y en el análisis de movimientos financieros, la autoridad fiscal busca cerrar los espacios de evasión y elusión que históricamente han mermado las finanzas públicas. El énfasis ya no está solo en cobrar más, sino en identificar con precisión a quién, cómo y cuándo fiscalizar dentro de un sistema financiero cada vez más sofisticado.Este viraje quedó formalizado con la presentación de la nueva estrategia fiscal para el año, considerada por especialistas como la más estricta y estructurada de la historia reciente, la presión por sostener programas sociales y proyectos de infraestructura prioritarios llevó al SAT a diseñar una hoja de ruta ambiciosa, bajo una premisa clara: ningún contribuyente quedará fuera del radar.El elemento que ha encendido las alertas en el sector privado es la meta de recaudación fijada para 2026, que asciende a 5.8 billones de pesos, una cifra sin precedentes. Alcanzarla implica una fiscalización de alta precisión, respaldada por el llamado Plan Maestro 2026, un documento que va más allá de una declaración política y se presenta como una ofensiva frontal contra la informalidad y el fraude fiscal.A diferencia de ejercicios anteriores, el nuevo plan plantea un replanteamiento del vínculo con los contribuyentes. La estrategia combina mano firme y facilidades administrativas: auditorías más rigurosas y objetivas, pero también una atención más cercana que incentive el cumplimiento voluntario mediante trámites claros, asesoría directa y procesos simplificados.El Plan Maestro 2026 se sostiene en tres grandes ejes. El primero es la expansión territorial del SAT, que dejará atrás la excesiva centralización. Se prevé la apertura de oficinas en puntos estratégicos como Baja California y Baja California Sur, clave para el comercio exterior; Ciudad de México y Jalisco, como centros financieros; Nuevo León, corazón industrial del país; así como Michoacán, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán, regiones con creciente dinamismo turístico y logístico. A esto se suma el fortalecimiento de las Oficinas Móviles en las 32 entidades, con el objetivo de facilitar trámites como devoluciones de impuestos y aclaraciones de situación fiscal.El segundo pilar es una fiscalización más transparente y predecible. El SAT dejará atrás las auditorías discrecionales y adoptará criterios claros para seleccionar a los contribuyentes a revisar. Las inspecciones se concentrarán en sectores con irregularidades recurrentes y en grandes empresas que han llevado al límite la planeación fiscal. La promesa es una recaudación basada en la legalidad, no en la sorpresa ni en motivaciones políticas.El tercer eje apunta directamente a uno de los problemas más persistentes del sistema: el uso de facturas falsas. La autoridad fiscal intensificará la detección de empresas que emiten comprobantes apócrifos y de aquellas que los utilizan para deducir gastos inexistentes. Quienes hayan recibido este tipo de facturas, incluso por desconocimiento, tendrán un plazo de 30 días para corregir su situación y cubrir los impuestos omitidos antes de enfrentar consecuencias penales.La estrategia se apoya también en una fuerte inversión tecnológica. Con 166 oficinas físicas, 51 centros de atención remota y 63 módulos de servicio, el SAT busca que la mayoría de los trámites se realicen en línea, mediante formatos simplificados y procesos digitales más ágiles, reduciendo la burocracia que durante años abrió la puerta a prácticas corruptas.Más allá de los números, la autoridad fiscal pretende impulsar un cambio de fondo en la cultura contributiva del país. El mensaje para 2026 es inequívoco: cumplir con las obligaciones fiscales ya no es una opción flexible, sino una condición indispensable para operar dentro de una economía que aspira a competir en estándares globales.* * * Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp * * * NA