El vapor se escapa de las ollas desde temprano. En mercados, fondas y cocinas improvisadas, el aroma a masa y hoja caliente anuncia que febrero ha llegado con una de las tradiciones más entrañables del calendario mexicano. En Guadalajara, como en el resto del país, el Día de la Candelaria no sólo convoca a la fe, sino también a la mesa compartida, al reencuentro familiar y a una intensa actividad económica que gira en torno a un protagonista indiscutible: el tamal.Cada 2 de febrero, la celebración conmemora la presentación del Niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María. En México, esta fecha se entrelazó con el Día de Reyes y la tradicional rosca: quien encuentra al Niño el 6 de enero asume, sin excusas, la responsabilidad de invitar los tamales. Así, la devoción se convierte en compromiso social y la tradición se renueva en escuelas, oficinas, comercios y hogares.El origen del festejo es también un cruce de culturas. Mientras en España la Candelaria marcaba un rito religioso, en Mesoamérica coincidía con ceremonias ligadas al ciclo agrícola y, en tiempos prehispánicos, a rituales de sacrificio. Tras la conquista, estas prácticas fueron sustituidas por la costumbre de vestir y presentar al Niño Dios en los templos, pero el maíz —símbolo de vida y sustento para los pueblos originarios— permaneció como eje central de la celebración, dando paso al tamal como alimento ceremonial.La académica de la Universidad de Guadalajara, Elba Castro Rosales, explica que el tamal se consolidó como comida ritual por su facilidad de transporte hacia los centros ceremoniales. Con el mestizaje, la receta se enriqueció con nuevos ingredientes como nata, requesón, panela y carnes diversas. Con el tiempo, se volvió un alimento cotidiano para campesinos y obreros, consumido a cualquier hora del día y en múltiples variantes regionales.Hoy, el tamal sigue vigente en el paladar tapatío, aunque con una oferta cada vez más amplia. “Cada establecimiento renueva sabores... y cada localidad genera nuevas formas de visualizar el tamal”, señala Castro Rosales. A los clásicos verdes, rojos y dulces se suman versiones gourmet, veganas y de autor.Más allá de lo simbólico, el Día de la Candelaria representa una fecha clave para la economía. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes estima que la venta de tamales aumenta hasta en 400%, con 30 millones de piezas vendidas en un solo día. La Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo reportó que en 2025, la derrama económica superó los mil 200 millones de pesos a nivel nacional, cifra que podría crecer este año.No obstante, la tradición también enfrenta retos. El Grupo Consultor de Mercados Agrícolas advirtió que en 2026 se encarecieron los insumos clave, como la masa, las carnes, las salsas y las hojas de envoltura. El costo promedio del tamal aumentó 14 pesos, mientras que el oaxaqueño subió cinco.Aun así, entre fe, familia y tamales, la Candelaria vuelve a reunir a los tapatíos alrededor de una mesa donde la historia, el sabor y la identidad se siguen compartiendo.En el fondo, tras el mostrador y las mesas, la cocinera untaba copiosas cucharadas de masa en una hoja de tamal y los acomodaba en una cazuela. Una vez llena, la llevaba a la cocina y repetía el proceso hasta terminar con todas las hojas. Dos mujeres conversaban a voz baja debajo de la televisión que sintonizaba las noticias de la tarde; otros dos, unos novios, tomaban cerveza y compartían un tamal de carne de cerdo. Salvador Fajardo, gerente de Ricos Tamales, el primer restaurante en Guadalajara dedicado exclusivamente a la venta de este alimento, ubicado en el barrio de la Capilla de Jesús, mira a su alrededor: más de siete décadas de tradición, que combina innovación y modernidad para hacer un desfile de sabores de los tamales.Con 16 sabores, como chicharrón prensado, elote fresco y verduras en mole verde, el negocio se caracteriza por la búsqueda constante de nuevos ingredientes. Además, implementaron el ‘tamal del mes’: en enero, el ingrediente fue chocolate; en febrero, es la cereza. Con la diversidad gastronómica, Salvador y su familia se vieron en la necesidad de implementar nuevos productos, pero los sabores tradicionales nunca pasan de moda: los más vendidos en Ricos Tamales son rojo de cerdo, verde de pollo y rajas con panela.“Este es un negocio que tiene más de 70 años. Yo soy la tercera generación como negocio, mas las recetas vienen desde mi tatarabuela. Son tamales elaborados con recetas 100 por ciento de Jalisco […]. Nosotros hemos estado desarrollando nuevos servicios y productos, como el atole ice, que es una creación de nosotros. Es un smoothie elaborado con nuestro mismo atole y es algo que es original tapatío”, comenta Salvador.En tanto, con el Día de la Candelaria, las ventas pueden crecer hasta en un 200 por ciento, afirma. Mientras en un día normal puede vender entre 200 y 300 tamales, el 2 de febrero pueden ser entre 400 y 600, pues la celebración ya no es exclusiva de la familia: también tienen pedidos de empresas y grupos de amigos.Por último, todo está preparado para recibir a los clientes en el día más ajetreado del año para su negocio, asegura. “Que no quede ningún cliente sin atender. Que realmente podamos darles servicio a todas las personas que vengan”.Una luz tenue ilumina la mesa donde la familia prepara los tamales. Con movimientos precisos, las manos extienden la masa sobre la hoja mientras el ambiente se impregna del aroma de carne de cerdo y rajas verdes. La escena se repite desde hace más de ocho décadas en Tamales El Refugio, un negocio familiar ubicado en la calle Joaquín Angulo número 733, en Guadalajara.Maripaz López, dueña del establecimiento, relata que el negocio fue fundado en 1943 por sus padres y que, desde entonces, ha sido el sustento de varias generaciones. El nombre surgió por su cercanía con el templo de El Refugio, a media cuadra del local. Hoy, pese al paso del tiempo, la tradición continúa.“Este negocio lo iniciaron mis papás en 1943. Aquí empezamos todos: mis ocho hermanos, mis padres, mis hijos y sus familias. Gracias a este trabajo todos pudimos estudiar y formarnos profesionalmente. Aunque tenemos carreras en leyes o ingeniería, seguimos aquí. De los tamales hemos crecido y nos hemos formado”, expresa.Actualmente, ocho integrantes de la familia mantienen a flote el negocio, aunque las ventas ya no son las de antaño. Maripaz recuerda que a finales del siglo pasado y principios del actual podían vender hasta 40 mil tamales en un solo día, cuando surtían comedores industriales y tiendas como Samborns. Hoy, la producción es variable y se concentra en pedidos especiales y venta directa.La tradición del Día de la Candelaria, añade, también ha disminuido. El aumento en el precio del tamal y la preferencia por otros alimentos, como los tacos, han reducido la demanda. Para adaptarse, Tamales El Refugio ha innovado en recetas y aprovecha plataformas digitales para ampliar su alcance de venta.Para Julietta Ruiz, hacer tamales significa más que un emprendimiento: es la conexión y el recuerdo que mantiene vivos de su abuela, quien le enseñó a prepararlos. Desde el segundo año de preparatoria, Julietta aprendió a hacerlos como una forma de pasar tiempo con ella y, pese a que se mudó a Guadalajara para estudiar la licenciatura en Economía, los fines de semana, puentes y vacaciones regresaba a su pueblo, San José de Gracia, en Los Altos de Jalisco. La joven estaba segura de lo que haría después de concluir la carrera: hacer de los tamales un negocio y una profesión de vida al lado de su abuela. Sin embargo, las cosas serían distintas, pero con un impulso mayor. Tamales Cuatro Milpas es el legado y la memoria de una tradición familiar.“El plan era que cuando yo terminara la universidad ahora sí me iba a dedicar al 100 por ciento a esto, pero Dios tenía otros planes. Yo me gradué en mayo de 2023 y en agosto de ese mismo año mi abuela falleció. Yo decidí continuar con el negocio, con su legado, con algo que ella inició y de lo que me hizo parte, y que yo con mucho cariño he continuado”.Las recetas tradicionales son de su abuela, pero Julietta ha innovado con nuevos sabores “gourmet”, como zarzamora con filadelfia, nutella con nuez y chocolate con gansito. También vende tamales dulces, como mermelada de fresa, de piña y cajeta de membrillo con nuez. La joven explica que trabaja por pedido para eventos, reuniones, cumpleaños, entre otros. Éstos se pueden realizar a través de un mensaje directo en su cuenta de Instagram: Tamales Cuatro Milpas, donde presume que los tamales cuentan con “un sabor original y casero”.En tanto, la celebración del Día de la Candelaria se ha mantenido, pero con algunas variantes, afirma Julietta: muchas personas no lo conmemoran el 2 de febrero, sino que lo hacen un fin de semana antes o algún otro día de febrero. Los tamales no dejan de ser una tradición mexicana que tiene y seguirá teniendo futuro, asegura.