En “La Cazadora”, el cine mexicano coloca nuevamente a una mujer en el centro de una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando la víctima deja de huir y decide perseguir? Dirigida por Suzanne Andrews Correa, la película -inspirada en hechos reales- se adentra en el territorio de la rabia, la impunidad y los límites morales, evitando tanto la fábula heroica como la apología de la violencia para construir el retrato complejo de una mujer empujada a una decisión extrema. La cinta tuvo recientemente su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance 2026, celebrado del 22 al 31 de enero en sus históricas sedes de Park City y Salt Lake City, donde fue elegida para la sección World Cinema Dramatic Competition.Protagonizada por Adriana Paz, “La Cazadora” cuenta además con un elenco integrado por Jennifer Trejo, Teresa Sánchez, el cantante Eme MalaFe -en su debut cinematográfico-, Guillermo Alonso y una participación especial de Leidi Gutiérrez.Ambientada en Ciudad Juárez, “La Cazadora” sigue a una mujer que, frente a la impunidad que rodea la violencia contra las mujeres y tras un acontecimiento que la marca de manera irreversible decide dejar de esperar justicia y responder por su cuenta. Madre y trabajadora en una ciudad atravesada por el miedo, la protagonista emprende un recorrido que la transforma de víctima silenciosa en una figura activa que persigue aquello que la amenaza. La película acompaña ese tránsito íntimo y moral: el punto en el que el dolor acumulado, la rabia y la desesperación empujan a cruzar una frontera que rara vez se nombra y que obliga a preguntarse hasta dónde puede llegar alguien cuando el sistema ha fallado.El personaje es interpretado por Adriana Paz, quien define el proyecto como uno de los más intensos y transformadores de su carrera. Desde el propio título, la película plantea una inversión simbólica poderosa. “Antes de leer el guion, cuando escuché ‘La Cazadora’, pensé: quiero saber quién es esta mujer, quién es para ser llamada así”, comenta la actriz en entrevista con EL INFORMADOR. En ese nombre se condensa una mutación: la mujer que deja de ser únicamente objeto del daño para convertirse en sujeto de acción.Sin embargo, la película evita reducirla a una figura unidimensional. “Hay algo de heroína, de alguien que decide reaccionar, pero al mismo tiempo se vuelve victimaria. Esa complejidad fue lo que me interesó: el tránsito de víctima a alguien que cruza una línea que no todos cruzan, aunque todos hayamos sentido alguna vez esa rabia”, añade Paz. Ciudad Juárez, en la memoria histórica de México, es un territorio cargado de memoria y violencia contra las mujeres. Para Paz, el regreso a ese espacio tuvo una resonancia personal. En 2008 participó en “Traspatio”, de Carlos Carrera, una de las primeras películas que abordaron los feminicidios en la frontera. “Es como viajar en el tiempo. En aquel entonces hablábamos de lo que empezó a visibilizarse en 1994. Ahora, años después, contar una historia situada alrededor de 2013 te hace ver que las cosas no solo no han cambiado, sino que en muchos sentidos han empeorado”, se lamenta la actriz. “La ciudad, la gente, los lugares abandonados, todo eso se te mete en el cuerpo y se vuelve parte de tu mundo emocional”.Ese territorio no es solo fondo escenográfico, sino una presencia que dialoga con el personaje. La impunidad, el desgaste, la normalización del horror construyen el clima que empuja a la protagonista a actuar. “Para entender lo que estas mujeres viven todos los días, hay que salir de nuestros mundos de burbuja, ser más humildes y empáticos. La película busca justamente eso: ponernos en esa perspectiva”, afirma.El rodaje estuvo atravesado por una experiencia colectiva singular: gran parte del equipo estuvo integrado y liderado por mujeres, incluida la directora de fotografía. “Hubo días en los que éramos prácticamente puras mujeres en el set, y se generó una hermandad que no necesitaba explicarse: se sentía. Bastaba mirarnos para saber que estábamos contando algo desde un lugar compartido”, recuerda Paz.“La Cazadora” no ofrece respuestas fáciles. Se detiene en el instante en que una mujer -también madre- toma una decisión radical y obliga al espectador a confrontar sus propios límites: hasta dónde puede llegar la rabia, qué hace la impunidad con el deseo de justicia y qué implica cruzar una frontera moral cuando el sistema ha fallado. “Es una transición violenta, muy violenta, no buscada, que la atraviesa por completo”, resume la actriz.Su estreno mundial en el Festival de Cine de Sundance, un espacio históricamente comprometido con miradas incómodas y necesarias, inserta a esta ópera prima en una conversación internacional sobre género, violencia y representación. Para Paz, formar parte de ese diálogo es un privilegio: “Son personajes complejos, historias que te enriquecen y te transforman. Poder contarlas y llevarlas a un espacio así es un sueño cumplido”.Entre la crónica íntima y el retrato social, “La Cazadora” se consolida como una obra que no busca tranquilizar, sino confrontar: una exploración cinematográfica del momento en que el dolor acumulado deja de ser silencio y se transforma en acción. El momento que atraviesa Adriana Paz con “La Cazadora” dialoga también con su creciente proyección internacional. De manera paralela, la actriz forma parte del elenco de “Animals”, el thriller criminal dirigido y protagonizado por Ben Affleck, en el que comparte pantalla con Kerry Washington, Gillian Anderson, Steven Yeun y Luis Gerardo Méndez. Aunque sin adelantar detalles, Paz destacó la apertura creativa de Affleck para construir una representación fiel de México dentro de la historia. “Nos preguntaba a nosotros, los mexicanos, qué era lo que estaba bien dentro del guion y del universo de la película”, señaló. Sin duda, el cine mexicano inició el 2026 con una presencia destacada en los principales festivales internacionales de cine, en un intento por recuperar la visibilidad global luego de años de disminución en premios y reconocimientos. Más de una docena de producciones, entre largometrajes, documentales y cortometrajes nacionales, han sido seleccionadas para competir en certámenes como Sundance (Estados Unidos), Róterdam (Países Bajos) y South by Southwest (Texas), proyectando historias mexicanas ante audiencias globales y consolidando la diversidad narrativa del país. Según datos del Instituto Mexicano de Cinematografía, el cine nacional cerró 2025 con 149 premios en festivales, la cifra más baja desde 2021 -por debajo de los 195 galardones registrados en 2022-, lo que pone de relieve la urgencia de reposicionar las historias mexicanas en el panorama internacional. Una de las primeras apuestas mexicanas del año es “La Cazadora”, drama protagonizado por Adriana Paz, basado en hechos reales, que abrió la selección de producciones mexicanas en el Festival de Sundance 2026 en Utah. En el mismo festival también se presentaron coproducciones como “Jaripeo”, un documental que explora desde una perspectiva queer las tradiciones del jaripeo en Michoacán, y el cortometraje “Marga en el DF”, que combina memoria cultural y una mirada íntima sobre la vida en Ciudad de México. El recorrido sigue en el Festival Internacional de Cine de Róterdam, donde diversas producciones nacionales amplían su presencia en Europa. Entre los títulos figuran thrillers y filmes de terror como “Hablando con extraños” (cinta filmada en locaciones de Guadalajara) y “Tekenchu: el ritual de los nahuales”, así como coproducciones que cruzan fronteras con equipos internacionales y funciones especiales centradas en clásicos o cine experimental. Para marzo, el cine mexicano apunta al South by Southwest (SXSW), uno de los eventos más dinámicos de la industria audiovisual, con propuestas que incluyen desde “Campeón gabacho” -dirigida por Jonás Cuarón y coproducida con el apoyo del Oscar Alfonso Cuarón- hasta cortometrajes y trabajos experimentales que evidencian la pluralidad creativa de los realizadores mexicanos. Directores y productores locales han señalado que esta presencia internacional representa no sólo una oportunidad de exhibición, sino también una vitrina para establecer conexiones con mercados de distribución global y abrir ventanas de exhibición más amplias para los públicos mexicanos. Aunque ninguna producción nacional ha logrado desplazar hitos recientes como “Roma” -la película más premiada de la última década con 52 galardones-, este recorrido por festivales de alto perfil marca un nuevo impulso para que el cine mexicano recupere su lugar en la conversación cinematográfica mundial. En “La Cazadora”, Adriana Paz se adentra en el territorio oscuro y tenso de Ciudad Juárez, una ciudad marcada por la violencia y la indiferencia hacia las mujeres. Lejos de ser un thriller convencional, la película sigue a “Luz”, una mujer que enfrenta decisiones extremas tras un acto de violencia que cambia su vida. La cámara no solo documenta los hechos: se convierte en un espejo de su incertidumbre, su temor y su determinación.La crítica especializada coincide en que el verdadero motor de la película es Paz, cuya interpretación transforma la historia en un estudio profundo sobre trauma, resiliencia y justicia personal. Desde EscribiendoCine destacan cómo la narrativa se centra en la psicología de la protagonista, más que en la resolución del crimen, creando un drama íntimo y cargado de tensión. Por su parte, Salt Lake Magazine subraya la sensación constante de paranoia que transmite la película, mientras que The Hollywood Reporter resalta la manera en que la ciudad misma funciona como personaje: un espacio que amplifica la soledad y el peligro.El resultado es un relato que combina drama, suspenso e incluso elementos de horror, donde cada plano y cada decisión de Luz hacen que el espectador sienta la presión de vivir en un mundo hostil, y a la vez admire la fuerza y determinación de quien decide enfrentar la violencia de frente. “La Cazadora” se consolida, así como un ejemplo del cine mexicano contemporáneo que no teme explorar su realidad más cruda con sensibilidad y potencia actoral. CT