En un país donde la conversación pública sobre los jóvenes oscila entre la descalificación simplista y la romantización automática, “Violentas mariposas” propone una mirada distinta: la del despertar abrupto, la pérdida de la ingenuidad y el choque frontal contra un sistema que no responde. Dirigida por Adolfo Dávila, la cinta se estrena este 12 de marzo en salas de distintas ciudades del país.En la película, “Viktor”, estudiante de Filosofía que vive en un barrio marginal de la Ciudad de México, canaliza su postura política radical a través del arte urbano y la poesía. “Eva”, estudiante de Derecho nacida en Tijuana, cantante de una banda punk y activista feminista, cree inicialmente en los procesos legales como vía de transformación. Ambos encarnan una juventud idealista que busca un mundo más justo y que, en esa búsqueda, se enfrenta de manera directa con la violencia del Estado. Una agresión policial brutal y la posterior impunidad marcan un punto de quiebre: cuando la justicia está ausente, la venganza aparece como una posibilidad límite, casi como un acto de fe.El director Adolfo Dávila explica, en entrevista con EL INFORMADOR, que el origen de la película no está en un hecho aislado, sino en una experiencia acumulada que atraviesa a la sociedad mexicana desde hace décadas.“La película es un reflejo de la realidad en la que vivimos. Esta acumulación de violencia que hemos vivido durante tantos años como mexicanos, y este hartazgo que parece no tener salida”, explica. “De ahí surge, esencialmente ‘Violentas mariposas’. De la necesidad de desahogar esta sensación de injusticia y dolor que nos provoca como individuos y como sociedad”.Más allá del conflicto central, la cinta pone el acento en un proceso íntimo: el despertar de la conciencia y la pérdida de la ingenuidad. La juventud aparece como una etapa de tránsito, marcada por el descubrimiento del mundo y el choque con una realidad que desarma certezas sin ofrecer todavía herramientas para enfrentarlas.“Siempre quise enfocar más la visión de la película hacia la ingenuidad. En el hecho de que como joven estás en un proceso de despertar. Cuando eres joven y eres universitario y empiezas a saber de cualquier cosa, tu mente cambia. Y a partir de este nivel de consciencia comienzas a perder la ingenuidad. Pero sigues siendo joven. Y en esa búsqueda de saber y de enfrentar se va perdiendo la inocencia”.“Violentas mariposas” llega a salas de cine en distintas ciudades de México como un retrato incómodo de una generación que, entre la ingenuidad y la furia, se enfrenta a una realidad que parece no dejar otra opción que el desafío. En ese trayecto los personajes no son presentados como héroes ni como mártires, sino como sujetos atravesados por un sistema fallido que rebasa cualquier generación. La película plantea una mirada crítica sobre la justicia en México, entendida no como una carencia reciente, sino como una ausencia histórica.“Sí hay un nivel de víctimas de las circunstancias. Creo que todos, a nivel sociedad, somos víctimas de las circunstancias. Somos víctimas de un sistema carente perpetuamente de impartición de justicia. Esto va más allá de las generaciones. La justicia en México es algo que nunca ha existido como sistema”, lamenta Adolfo Dávila. “Entonces, ante eso, estos jóvenes están teniendo una voz, una postura que es política, pero a la vez es poética, pero a la vez es artística. Están buscando expresar su inconformidad. Y en esa búsqueda se van confrontando con la realidad; con esa misma realidad a la que cada uno nos enfrentamos como individuos y como sociedad”.Dentro del relato, la música y el arte callejero no funcionan únicamente como rasgos identitarios, sino como espacios de refugio y resistencia. Son herramientas de expresión ante la imposibilidad de incidir de manera real en un entorno dominado por la injusticia, tanto para los personajes como para el propio cineasta.“El arte es una forma de resistencia, es una forma de sanación. Ante esta imposibilidad de hacer nada como individuos en esta sociedad injusta, la música se vuelve un refugio. Y eso es lo que activa la música, el grafitti en los personajes. Y también eso me activa a mí como director, hacer una obra que me desahoga de esta violencia tan grande”.Esa misma lógica atraviesa las decisiones formales de la película. “Violentas mariposas” evita la espectacularización de la violencia y opta por una narración más sugerida que explícita, acorde con el punto de vista de sus protagonistas y con el estado de ingenuidad que aún los define.“El cómo se narra la violencia es intuitivo. Es una película para jóvenes. La violencia que se muestra está suavizada. Desde este mismo sentido de ingenuidad, de inocencia. Esto es una realidad, pero no quise que fuera evidente. Claro que existe. Pero quería que fuera más implícito que explícito”, finaliza. Con guion y dirección de Adolfo Dávila, y producción de Gabriela Gavica, la película cuenta con las actuaciones de: Diana Laura DI, Alejandro Porter, Germán Bracco, Sophie Alexander-Katz, Norma Pablo y Juan Luis Medina. “La banda sonora original fue compuesta por el músico sueco Martin Thulin e incluye canciones de The Damned, Los Cogelones, Cosas Ilegales, Los Fancy Free, Niña Diablo y Arvo Pärt, reforzando el vínculo entre música, rabia y expresión juvenil. CT