Autorretratos creados por una artista ciega junto a su perro, esculturas de relojes con dientes que recrean las voces de personas fallecidas mediante inteligencia artificial, fotografías de la vida en Filadelfia durante los años ochenta e incluso un muñeco inflable de dimensiones monumentales forman parte de las propuestas que integran la Bienal 2026 del Museo Whitney de Arte Estadounidense, que abrirá sus puertas este domingo en Nueva York.La muestra reúne a 56 artistas y colectivos internacionales, en una edición que rompe con la tradición de imponer un concepto rector rígido. En lugar de ello, los curadores optaron por permitir que las obras dialoguen entre sí de forma espontánea, dejando que los vínculos temáticos y estéticos emerjan de manera orgánica.“Decidimos de antemano que no íbamos a tener una temática específica, sino que íbamos a ver en qué estaban pensando los artistas, ya que la tarea de la Bienal es ver qué está pasando en el arte estadounidense actual”, explicó la co-curadora puertorriqueña Marcela Guerrero.Para conformar la exposición, Guerrero recorrió distintas ciudades y visitó cerca de 300 estudios y talleres, en un proceso de selección que buscó capturar la diversidad de preocupaciones, lenguajes y experimentaciones que atraviesan hoy la escena artística contemporánea en Estados Unidos.Entre las diversas plantas que ocupa la Bienal se ve el impacto de las nuevas tecnologías en el arte, sobre todo el de IA, que en esta ocasión, toma una luz distópica y tenebrosa.Un claro ejemplo es “CULTUS”, del artista estadounidense radicado en Canadá Zach Blas, una obra que transforma una sala de la primera planta del museo en un templo tecno-religioso donde se invoca a un panteón de dioses de la IA para reflexionar sobre el impulso de dominación de la industria tecnológica.Otro caso del uso de esta vanguardista tecnología son las estatuas de Cooper Jacoby, que perfectamente podrían formar parte del decorado de la película “2001: A Space Odyssey”: relojes con unos dientes y un intercomunicador en el que se escuchan mensajes generados por IA con la voz de personas que han fallecido."Para recrear las voces de las personas muertas (el artista utiliza) las voces que han dejado en Instagram. En cierta forma es casi como un altar para estas personas", explica Guerrero.Pese a no tener una temática común, y aunque las obras de los diversos artistas vayan encajando como piezas de un rompecabezas las unas con las otras, a lo largo de las plantas quinta y sexta del museo, esta edición busca observar las corrientes cambiantes del arte en EU, preguntándose no solo qué se está creando sino también qué significa denominar algo "estadounidense".Según apunta Guerrero, la Bienal explica las "redes que nos conectan a todos"."No solo a nivel macro geopolítico, donde tenemos muchos artistas como Ignacio Gatica, quien viene de Chile, país donde no hubo una ocupación militar estadounidense pero sí hubo un tipo de ocupación ideológica, sino también tenemos artistas de países como Vietnam o Afganistán, donde el poder de los EU y los tentáculos del imperio estadounidense han llegado", explica la comisaria.La obra de Gatica que menciona la comisaria se centra en un documental sobre “Sanhattan”, el distrito financiero de Santiago de Chile que se parece a Manhattan, ya que se construyó poco después de la violenta dictadura de Augusto Pinochet (1973- 1990), como una glorificación arquitectónica de la ideología de libre mercado promovida por los "Chicago Boys", un grupo de economistas educados en EU.No es casualidad que desde la venta de la sala en la que se exhibe la obra del chileno se vea el Empire State Building. "Fue una decisión curatorial para que existiese un contraste real como físico con la ciudad", explica Gatica.Por otro lado, el colectivo kekahi wahi (Sancia Miala Shiba Nash y Drew K. Broderick) utiliza un video satírico de entrenamiento físico filmado en Hawái como metáfora de resistencia ante la historia colonial y la propagación de enfermedades en el Pacífico Sur.La Bienal abrirá sus puertas este 8 de marzo, coincidiendo con el segundo domingo del mes, día en el que la entrada es gratuita. TG