Durante más de una década, el nombre de Julio Iglesias estuvo inseparablemente ligado al de Alfredo Fraile. No solo fue su mánager, sino su sombra, su estratega y el arquitecto silencioso de una de las carreras más exitosas de la música en español. Juntos vivieron el ascenso meteórico del cantante, pero también una ruptura definitiva que nunca sanó por completo.La relación entre ambos estuvo marcada por anécdotas que hoy parecen sacadas de una película. Una de las más recordadas ocurrió en un ascensor de la Ciudad de México, cuando un hombre armado los encañonó al sospechar que Julio Iglesias estaba enamorado de su esposa. Ante la tensión del momento, el cantante respondió con ironía: “La persona que duerme todas las noches conmigo es este señor, así que no se preocupe por su mujer”.La historia fue relatada por el propio Fraile en una entrevista con Vanity Fair, como parte de la promoción de su libro Secretos confesables, donde retrató sin filtros sus años al lado del artista. Con humor, solía repetir: "¡Pasaba más tiempo con Julio que con mi pareja!".Entre 1969 y 1984, Julio Iglesias y Alfredo Fraile fueron un binomio inseparable. Fueron años de giras interminables, lujo, euforia y consolidación internacional. No existía uno sin el otro. Fraile fue el responsable de moldear la imagen pública del cantante y de impulsarlo fuera de España cuando su carrera parecía estancada.Sin embargo, el éxito tuvo un costo personal elevado. Con el paso del tiempo, la relación profesional se desgastó hasta romperse de forma definitiva. Fraile terminó por abandonar a Iglesias, a quien calificó como profundamente egoísta. Tras su salida, se convirtió en asesor de figuras como Adolfo Suárez, Bertín Osborne y Silvio Berlusconi. La reconciliación entre ambos nunca llegó.Alfredo Fraile nació en Madrid en 1943. A los 26 años comprendió que el camino académico no era lo suyo. Dejó la ingeniería y comenzó a trabajar como ayudante de producción junto a su padre, uno de los directores de fotografía más reconocidos de su época. Poco después, en 1969, un amigo llamado Enrique Herreros le pidió apoyo profesional. Herreros era entonces asesor de imagen de Julio Iglesias.Tres años más tarde, Herreros abandonó el proyecto y Julio atravesaba una etapa complicada, con pocas oportunidades laborales. Fue entonces cuando Fraile tomó el control y se ganó el apodo de “mago de la imagen”. Su estrategia fue clara: sacar a Iglesias de España y proyectarlo hacia el mercado internacional.La magia se rompió en 1984. Fraile decidió marcharse agotado por el ritmo de vida, el desgaste emocional y el ego del artista. La broma de compartir cama, como él mismo decía, había dejado de ser graciosa. Había entregado su cuerpo y su alma al trabajo, pero la vida no podía reducirse solo a eso. Padre de seis hijos junto a María Eugenia Peña, Fraile optó por regresar a España tras años de una vida frenética en Miami.Años después, Alfredo Fraile volvió al centro del debate mediático a través de la literatura. En su libro publicado en 2014, describió la relación de Julio Iglesias con sus hijos como una paternidad ejercida “por control remoto”. Cuando el cantante decía que quería ver a Chábeli, Julio José y Enrique, la reacción no siempre era de entusiasmo. “Será que ha llegado el fotógrafo del Hola y quiere que vayamos a posar”, soltaba la mayor.En una ocasión, el exmarido de Isabel Preysler se escabulló de una comida familiar. Fraile lo encontró visiblemente afectado. Con lágrimas en los ojos, Julio Iglesias le confesó: “Te tengo envidia, Alfredo. Envidio la familia que has creado y que yo no he podido tener”.En el libro, Fraile también señaló que el compromiso paterno del cantante era ineficiente. Los niños crecieron en un entorno marcado por la ausencia y las constantes conquistas amorosas de su padre. “No querían que se repitiera la sorpresa que un día se llevó Chábeli, quien tropezó con un tanga tirado en un rincón del dormitorio”, escribió.Fraile fue durante años su guardián y confidente, incluso conservaba la agenda donde Julio Iglesias anotaba sus conquistas de mujeres exóticas.El punto final a la relación no lo puso Julio Iglesias, sino Alfredo Fraile, algo que, según contó el propio empresario, nunca fue bien aceptado por el cantante. En una entrevista de 2014, al preguntarle cuál era la diferencia entre el joven Julio y el hombre maduro, Fraile admitió que ya no podía responder: no conocía a ese hombre.Alfredo Fraile murió en 2021 a los 77 años, en una clínica de Madrid, tras complicaciones derivadas del coronavirus. Durante el mes que permaneció hospitalizado, hubo una persona que llamaba insistentemente para preguntar por su estado de salud. Era Julio Iglesias.Aunque distanciados en lo profesional, el cantante se mantuvo pendiente hasta el último momento de la vida de quien fue su amigo más cercano, el hombre que lo acompañó en el despegue de su leyenda y que, paradójicamente, terminó siendo una de las figuras más trágicas de su historia personal.TG