Las galletas de animalitos, habituales en las mesas mexicanas por su bajo costo y variedad, deben buena parte de su fama a un espectáculo itinerante: el circo. Aunque hoy se consumen solas o en presentaciones de chocolate y versiones escarchadas, su historia se remonta al siglo XIX, cuando comenzaron a comercializarse en Estados Unidos. De acuerdo con el libro American Food by the Decades, de Sherri Machlin, ya se promocionaban como “Zoológico” en la Exposición del Centenario de 1876 en Filadelfia, pero su despegue internacional llegó años después.En 1889, el Barnum & Bailey Circus emprendió una gira por Inglaterra. Allí, fabricantes locales —en un país con larga tradición galletera— aprovecharon el furor por el espectáculo para vender cajas con figuras y nombre del circo bajo la marca Barnum’s Animals. El concepto regresó a América y, en 1902, la empresa National Biscuit Company comenzó su producción masiva. Para distinguirlas, lanzó un icónico empaque en forma de vagón rojo de circo, pensado incluso como adorno navideño y vendido a cinco centavos. Décadas más tarde adoptarían el nombre Barnum’s Animals Crackers.Con el tiempo, las galletas ampliaron su catálogo hasta reunir más de 50 figuras distintas —entre tigres, leones, elefantes, jirafas y monos— y en 2002 se añadió el koala para conmemorar su centenario en Estados Unidos, país que incluso celebra el 18 de abril como Día Nacional de las Galletas de Animalitos. Su presencia cultural también quedó plasmada en el cine: en la película Curly Top, la actriz Shirley Temple popularizó la canción “Animal Crackers in My Soup”.En México, estas galletas se integraron al consumo cotidiano. Destacó la producción de la fábrica Tres Estrellas, de Lance Hermanos, ubicada en la Calzada San Antonio Abad, en Ciudad de México.En cuanto a su perfil nutricional, un análisis de la Procuraduría Federal del Consumidor advierte que, como otras galletas comerciales, contienen harinas refinadas, grasas vegetales —incluidas hidrogenadas—, azúcares añadidos, sal y, en algunos casos, edulcorantes no recomendados para niños. El organismo sugiere revisar los sellos de advertencia y moderar su ingesta, ya que su densidad calórica facilita exceder las cantidades diarias recomendadas.SV