Si Estados Unidos, más que “gobernar”, terminase por dominar al mundo —a través de una totalidad política, armamentística, económica y cultural— el “orden democrático”, tal y como se le conoce, dejaría de existir y, puede que nos convenga más llamarlo —o nos obliguen a—: “El Gran Imperio Universal Estadounidense”. En el mejor de los peores escenarios quizá un asteroide nos caiga encima, antes de caer en la cuenta que ese episodio de Los Simpson donde Lisa se convierte en Presidenta Mundial dista muchísimo de esta realidad. Es bajo este panorama que la inteligencia artificial (IA), nos comparte un poco de su lucidez. Históricamente, desde la Segunda Guerra Mundial, EU ha ejercido una política exterior expansiva: intervención en guerras, apoyo a regímenes afines, sanciones económicas y alianzas que aseguran recursos y posiciones geopolíticas clave. Para muchos académicos, esto se asemeja a un imperio moderno —con hegemonía económica y militar, aunque sin colonias tradicionales— y ha generado críticas por su tendencia a usar la fuerza o la presión económica para imponer sus intereses. VenezuelaPara la IA, la actual intervención militar estadounidense en Venezuela —incluida la captura de Maduro por fuerzas especiales y su traslado a Nueva York— demuestra una forma de acción exterior que rompe con las normas de soberanía estatal. La administración estadounidense argumenta que se trató de una operación de “aplicación de la ley” por acusaciones de narcotráfico, pero muchos gobiernos y analistas lo califican como violación flagrante de la soberanía y del derecho internacional.Si EU puede justificar esta acción, ¿qué detendría a una superpotencia completamente dominante de intervenir en otros países que considere “problema”? La implicación práctica sería una política exterior basada en la lógica del “dirigir desde arriba”.IsraelEl apoyo estadounidense a Israel —especialmente ante acusaciones de violaciones graves de derechos humanos en Gaza— es otro ejemplo de cómo la política exterior prioriza alianzas sobre principios universales de derechos humanos. A pesar de la crítica internacional, Estados Unidos ha continuado respaldando militar y diplomáticamente a Tel Aviv.La IA señala que el apoyo prácticamente incondicional de Estados Unidos a Israel en el conflicto con Palestina refuerza esta lectura. A pesar de las denuncias de violaciones a los derechos humanos y del creciente rechazo en amplios sectores de la comunidad internacional, Washington ha mantenido su respaldo militar, financiero y diplomático, anulando su discurso moralizante de mediador internacional. UcraniaLa IA apunta que la respuesta estadounidense a la invasión rusa de Ucrania ha sido compleja: por un lado, ha proveído enorme apoyo militar y económico para resistir la invasión —hasta decenas de miles de millones en armamento y asistencia— pero también ha sido acusada de utilizar el conflicto para sus propios fines estratégicos, prolongándolo en vez de buscar una paz negociada. Esta ambigüedad refleja una política exterior centrada no en la paz, sino en garantizar posiciones geopolíticas frente a rivales como Rusia y China. Bajo una dominación estadounidense, el mundo entero quedará atrapado en la lógica de bloques rivales, con Estados Unidos como único y legítimo árbitro.Que no quede duda alguna, en el hipotético escenario de un mundo “gobernado” por Estados Unidos, la IA considera que solo cabría el aborrecimiento. Potencias como China y Rusia, así como bloques emergentes y alianzas minúsculas, reforzarían narrativas para contrarrestar la injerencia externa, partiendo de extremismos y de la mal llamada vieja “Ley del más fuerte”. El resultado sería un sistema internacional marcado por una nueva Guerra Fría, e incluso encarnizada, con episodios diarios de violencia, control y sangre.*Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp. AO