Sea verdad o no que Alfonso Cuarón, con su multigalardonada “Roma”, y Yalitza Aparicio, con su aplaudidísima “Cleo”, hicieron el milagro de visibilizar a las trabajadoras domésticas, la feliz coincidencia entre el furor que desató la película y la histórica resolución de la Suprema Corte de Justicia que considera discriminatorio excluir a aquéllas del régimen obligatorio del Seguro Social, dieron más realce del que normalmente hubiera tenido al programa piloto del IMSS que busca -en palabras de su director, Germán Martínez- “eliminar (¿no sería más propio decir ‘saldar’…?) esa deuda social”.-II-El mismo Instituto estima -no se precisa si a partir de cifras del INEGI, por ejemplo- que 2.4 millones de trabajadoras o trabajadores del hogar ejercen en México, y da el dato de que hasta fines de 2018 sólo tres mil 572 estaban afiliadas o afiliados. El programa pretende que todos esos trabajadores puedan cotizar para su jubilación, inscribir como beneficiarios a sus cónyuges, concubinos, hijos y padres, además de “gozar” -¡mucho ojo con ese verbo!- de servicios médicos, hospitalarios, funerarios, incapacidades, pensión por invalidez y vida, así como de los servicios de guarderías.En teoría, proyecto irreprochable. Incluso en los casos de familias que están al pendiente de las necesidades de sus sirvientes -para decirlo sin eufemismos-, nada mejor que extender esos beneficios a quienes, en la práctica, se limitan a recibir una paga... pero pocas prestaciones adicionales, o ninguna.-III-Hechos: el IMSS, según sus datos oficiales, tiene 80 millones de derechohabientes y “brinda atención médica a seis de cada diez mexicanos, como resultado -subraya- del crecimiento del empleo en el país en los últimos años y el aumento de estudiantes y familias rurales del Programa IMSS-Prospera”.Faltaría puntualizar si, en efecto, seis de cada diez mexicanos acuden al Seguro Social cuando requieren atención médica. Faltaría puntualizar en qué medida “gozar” es el verbo adecuado para el servicio que reciben. Faltaría cotejar las experiencias -muchas lamentables, trágicas algunas…- de pacientes desencantados por la falta de calidad, calidez y deseable celeridad en la atención de un personal notoriamente insuficiente en lo cuantitativo y deficiente en lo cualitativo, con las buenas intenciones de sus dirigentes.Para decirlo con un ejemplo, el IMSS está en vías de meter a dos millones de cristianos más debajo de la cobija, cuando salta a la vista que ésta, por más que la estiren, no se da abasto para tapar decorosamente a los ya enlistados.