Domingo, 12 de Octubre 2025

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- “Las mañaneras”

Por: Jaime García Elías

- “Las mañaneras”

- “Las mañaneras”

El refranero -prontuario de “evangelios chiquitos”, como los llamaban las abuelas de antes- advierte sobre los peligros de la incontinencia verbal: “El que mucho habla, mucho yerra”; “Cae más pronto un hablador que un cojo”… Recomienda, por tanto, mesura y prudencia para abrir la boca: “Somos amos de nuestros silencios, y esclavos de nuestras palabras”; “Habla poco, di verdades, acorta lo posible tus razones, y dirás muy pocas necedades”.

-II-

El Presidente López Obrador -ejemplo obligado, por no decir que inevitable- ha cumplido su anuncio de comparecer, día tras día, como cuando fue jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, a una conferencia de prensa: la ya tradicional “mañanera”. La medida habla bien de su intención de transparentar el ejercicio de su cargo. Ha servido para abordar asuntos que eventualmente requieren o ameritan, desde la perspectiva de su alta encomienda, una explicación, y para evitar que la basura termine escondida debajo del tapete.

Las “mañaneras”, al desahogar inquietudes de otros actores políticos (gobernadores, por ejemplo), se han convertido -permítase la analogía- en curiosos palenques en se confrontan posiciones… y López Obrador dice siempre la última palabra, que no pocas veces es una cuchufleta, un ex abrupto… o una ligereza rayana en la calumnia.

En el episodio más reciente, López Obrador arremetió -sin nombrarlos- contra los ex Presidentes que, según él, incurren en “conflicto de intereses, coyotaje, corrupción”, al convertirse, al término de su mandato, en integrantes del consejo de empresas extranjeras. Uno de los implícitamente aludidos, Felipe Calderón, aclaró paradas: fue asesor independiente de una firma estadounidense, no tras un año -como dispone la ley-, sino cuatro años después de haber dejado la Presidencia; retó a López Obrador a debatir el asunto, en privado o en público, y lo desafió, ya encarrerado, a exhibir sus antecedentes laborales: “Que diga de qué ha vivido tantos años, cómo es posible que tenga lo que tiene (…), sostenga a su familia (…) con 200 pesos en la cartera”.

-III-

López Obrador, ayer, respondió al jaque -valga la metáfora- con un enroque: se disculpó por la ligereza con que soltó la lengua, y pretendió justificarse aduciendo que “siempre digo lo que pienso”…

Puesto que no es la primera vez que se enreda en su propia lengua, quizá convendría que el parlanchín de Palacio entendiera que un estadista que se respete y que respete a sus gobernados, nada pierde si ocasionalmente invierte la fórmula; es decir, si piensa lo que dice.

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