Por una parte, parecería que los deportistas profesionales, y en particular los futbolistas, tendrían que ser modelos de buena conducta: intachables dentro y fuera de la cancha; disciplinados, como correspondería, supuestamente, a una profesión exigente; y que, llegado el caso de que se dieran algún permiso, fueran, al menos, discretos: que sus expansiones —por demás legítimas— no llegaran al nivel de parrandas, y que en ningún caso fueran motivo de escándalo.Por la otra, aunque no faltan los tartufos que de mil amores quemarían en leña verde a los deportistas que dan la nota, pero no precisamente en las secciones deportivas sino en las de policía, al final del cuento, pasada la efervescencia inicial, se les justifica:–¡Es que son jóvenes…!*La historia del deporte está manchada con las tragedias —muertes violentas en plenitud de facultades, accidentes que dejaron a sus protagonistas incapacitados para continuar sus carreras… — sufridas por deportistas sobresalientes y celebrados.Muchas páginas dan cuenta de héroes de las canchas, las pistas o los encordados, que dilapidaron el prestigio que sus facultades sobresalientes les permitieron atesorar en sus jornadas más gloriosas —y, a la pasada, el dinero que pasó por sus manos—… por “mala cabeza”. Evocar las sórdidas, dramáticas historias de Garrincha, Best o Gascoine, entre los futbolistas, o del “Pajarito” Moreno o el “Púas” Olivares, entre los boxeadores, o recordar los recientes episodios extradeportivos en que participaron el velocista Usain Bolt o el astro chileno Arturo Vidal, y proponerlos a los jóvenes precisamente como ejemplos de conductas que un deportista renombrado debería evitar a toda costa, no implica incurrir en difamaciones: de las historias negras en que participaron se habló en su momento y se escribió entonces y aun después, tanto o más que de sus hazañas en canchas o cuadriláteros.*Hay clubes deportivos que se preocupan por la formación integral de sus atletas; por inculcarles valores; por hacer de ellos, en la medida de lo posible, deportistas exitosos… pero, además, porque sean, durante y al final de su carrera, hombres (o mujeres) de bien...Por desgracia —salvo casos como los recientes de la directiva de Lobos BUAP, que dio de baja a dos jugadores porque su conducta extra cancha no concordaba con los criterios éticos de la institución—, la regla generalizada cabe en las cuatro palabras del proverbio francés: “Laissez faire, laissez passer” (dejar hacer, dejar pasar…).