Curiosamente, entre las diez acepciones que la Real Academia da a la palabra “clásico”, ninguna alude a partidos de futbol como el que Atlas y Guadalajara disputarán el próximo sábado en el Estadio Jalisco. Quizá la razón estribe en que, en España –la sede de la Academia—, para denominar a los encuentros entre los equipos más tradicionales de la capital, Real Madrid y Atlético de Madrid, se recurra, paradójicamente, a un anglicismo: “derby”.El uso del vocablo para efectos futbolísticos, en todo caso, se originó en Argentina y Brasil. En Buenos Aires se aplica principalmente a los partidos entre los dos equipos más emblemáticos de la ciudad: River Plate y Boca Juniors, y en menor medida para los de otros equipos de la misma ciudad como Independiente, Racing, Vélez Sarsfield y demás. En Brasil se da ese rango, sobre todo, a los duelos entre Flamengo y Fluminense en Río de Janeiro, y entre Sao Paulo y el Corinthians en Sao Paulo.*En México, seguramente por imitación, se hablaba de clásicos principalmente cuando se enfrentaban Atlante y Necaxa en la capital, y Guadalajara y Atlas en Guadalajara. Por lo mismo, se calificaba de “Clásico del Bajío” a los encuentros entre León e Irapuato, y de “Clásico del Norte” al Monterrey-“Tigres”… con la salvedad de que tanto Irapuato como “Tigres” son equipos de cuño relativamente reciente en la Primera División.A cambio de que el Clásico Atlante-Necaxa se extinguió, de hecho, al cambiar de sede los dos equipos (el Atlante actual, de la Liga de Ascenso, juega en Can Cun; el Necaxa en Aguascalientes), hay factores que han favorecido que la denominación se aplique a los partidos entre América y “Pumas” y aun a los América-Cruz Azul.*Curiosamente, aunque la vinculación del América con una de las principales televisoras de México, a raíz de la irrupción de ese medio en el futbol, propició que se calificara de “Clásico Nacional” a los cotejos entre Guadalajara (en los inicios del “Campeonísimo”) y el propio América, queda claro que, de los actuales, el clásico más antiguo –y, por ende, el más genuino, por su antigüedad, por su tradición, por su historia, por la rivalidad que genera, por ser una versión incruenta de la guerra civil—,es, obviamente, el Atlas-Guadalajara, cuya enésima edición está a la vuelta de la esquina.(Aunque, como dijera Nacho Trelles, “Para Clásicos, los cerillos…”).