Se vale, para efectos de la “carrilla” —uno de los ingredientes esenciales del futbol sin balón, del que se libran innumerables batallas verbales, en todos los ámbitos, los días que no hay actividad en la cancha—, atribuir a maleficios, hechizos o maldiciones gitanas los períodos en que las penurias y frustraciones exceden los triunfos de los equipos y las alegrías de sus seguidores.En el Atlas, a falta de indicios de que su equipo encuentre la fórmula que le permita reverdecer los laureles que se marchitan en sus vitrinas, siguen vigentes las bromas acerca de las fastuosas celebraciones que ya se preparan para 2051, con motivo del Primer Centenario de “el campeonato” que los rojinegros consiguieron a mediados del siglo pasado. En el Guadalajara, las inevitables cuchufletas relacionadas con los años de “Chivas Flacas” que tienen que pagarse después de los de “Chivas Gordas” que ha habido tras los años gloriosos del “Campeonísimo”, precedidos, en los albores del profesionalismo en el futbol mexicano, por varios de “Ya merito”.*Más allá de las bromas, sin embargo, la lógica impone sus malditas leyes sobre los buenos deseos de los dirigentes y las ilusiones de los simpatizantes.La regla suprema del deporte sigue siendo el añejo aforismo: “Que gane el mejor”. Y el mejor no necesariamente es el más querido ni el que se caracteriza por la fidelidad inquebrantable de sus seguidores, sino el que acierta a conseguir, con la asiduidad deseable, los buenos resultados que se traducen en títulos.*Esa fórmula tiene, como el principal de sus componentes básicos, la calidad de los jugadores: algo que en el futbol moderno está directamente relacionado con el dinero que los dirigentes están dispuestos a gastar para erogar las cantidades necesarias para reclutar figuras que puedan establecer la diferencia y resultar determinantes en las confrontaciones con los demás aspirantes.En el Primer Mundo, los equipos que pueden gastar fortunas para tener en sus filas a los Messi, Ronaldo, Neymar, Mbappé, Hazard, Lewandowski y compañía, ahora buscan otras fórmulas: contratar prospectos que presumiblemente serán figuras a mediano plazo.En México, los que pueden abrir la cartera para incluir en sus elencos a los Gignac, Avilés Hurtado, Ibargüen, Tavares y anexas, tienen, obviamente, mejores perspectivas que los que sueltan a los Cota, Alanís, Vázquez, Pizarro, Reyes y Caraglio que ocasionalmente pasan por sus filas.Cuestión de pura lógica.