¿A dónde vamos con López Obrador como capitán de este barco? Ni idea. ¿Qué tan estable navega nuestro barco? Ni idea. ¿Qué tan tranquilas están las aguas en que nos movemos? Ni idea.Como meros espectadores de la vida nacional, a veces nos da la impresión de que somos aquel fulano que se arroja desde lo alto de un edificio de 100 pisos y cuando va cayendo, más a o menos a la mitad de la altura, dice:— Hasta ahora, todo bien….Y es que cuesta mucho trabajo entender qué es lo que verdaderamente está pasando en el país.Las pocas señales con que contamos, que son los indicadores económicos y los mensajes diarios del Presidente, hablan de una calma aparente.No ha habido eventos que impacten en el tipo de cambio, en la inflación, y no ha habido aumento de impuestos.Eventualidades serias como la falta de gasolina en varios estados o los bloqueos de las vías de ferrocarril por los maestros de la CNTE han tenido afectaciones, pero estas no han ido más allá del malestar de los directamente involucrados, que no son pocos.Entre los colaboradores del Presidente también se ve una gran tranquilidad que da la impresión que tienen todos los asuntos del país amarrados, bajo control, a pesar de la inexperiencia de muchos de ellos y de que la realidad del país, heredada del Gobierno anterior, es extremadamente compleja y nociva por la corrupción, la simulación, los desfalcos, y la preocupante falta de aplicación del Estado de derecho.Pareciera que, si hay problemas, ya los tienen perfectamente ubicados y se están atacando eficientemente.Algo difícil de creer.Y para nuestra mala fortuna, el ambiente de división nacional que fomentó López Obrador en campaña, y que siguen alentando varios de sus colaboradores, divide a la opinión pública entre partidarios de AMLO (los chairos) y detractores (los fifís) provocando que cualquier análisis serio de la situación, si considera la posibilidad de señalar errores del actual Gobierno, sea descalificado.Es a tal grado la ceguera de ambas partes, que cuando el Presidente o su gente cometen alguna pifia (que las ha habido, y muchas), se les perdonan porque son lo políticamente correcto.A Peña Nieto ya lo hubieran linchado por decir la décima parte de las imprecisiones que ha dicho AMLO.Nos estamos quedando sin herramientas de medición.Aún no se cumplen tres meses de Gobierno, mucho menos 100 días, y seguimos navegando sin entender nada, pero con esa sensación de calma chicha que presagia una tormenta.