La semana pasada tuve que viajar a la CDMX. Lo hice por carretera porque sigo teniendo reservas a viajar en avión, ya que considero que aeropuertos, salas de espera y aviones siguen siendo lugares de alta exposición a contagios de coronavirus.Ya de regreso rumbo a Guadalajara fui víctima, como cientos de mexicanos que viajan por las carreteras del país, de una toma de caseta.A la altura de Zinapécuaro, Michoacán, un grupo de jóvenes, y otros no tanto, se habían apoderado de cada uno de los cruces y con la cara semicubierta, más como forajidos que como quien se quiere proteger de contagios, detenían amenazadores a cada uno de los automóviles.En ningún cartel o lona se mencionaba cuál era el motivo de su “protesta”.Operaban en pequeños grupúsculos perfectamente organizados donde mientras uno le cerraba el paso al vehículo, dos más con intimidantes palos y bates de beisbol escoltaban a un cuarto, en este caso una mujer, y era ella quien obligaba a bajar la ventanilla:- Caballero, su caseta ha sido tomada… son 150 pesos.Y a unos pasos, elementos de la Guardia Nacional simplemente observaban.Molesto por la prepotencia y la amenazadora presencia de los de los bates, se los externé; que yo supiera, la “cooperación” es voluntaria, pero inmediatamente se acercaron a mí todavía más y más.Y a unos pasos, elementos de la Guardia Nacional simplemente observaban.Cuando me cambiaron un billete, porque no traía cambio, alguno de ellos me llamó “llorón”, a lo que contesté que más llorones, los que tienen que tomar casetas para vivir.No les gustó, pero después de un intercambio verbal el incidente no pasó a mayores.Y a unos pasos, elementos de la Guardia Nacional simplemente observaban.Por la noche me enteré que en esa misma caseta, un automovilista mucho más molesto que la mayoría, les aventó su auto a los manifestantes, los atropelló y mató a uno.Creo que en esa caseta, como todas las que son tomadas todos los días frente a la tolerante mirada de los guardianes federales, vivimos una síntesis de lo que está pasando en este momento en el país.Por un lado, estamos quienes queremos seguir adelante, trabajando y haciendo nuestro mejor esfuerzo por sacar nuestro proyecto personal, siguiendo las reglas, pagando impuestos, y llevando la fiesta en paz.Pero por el otro lado, están los herederos de la desigualdad y la injusticia que se sienten con el derecho de hacer justicia por propia mano y afectar a los primeros, violando impunemente leyes y reglamentos.Frente a frente, sin alguien que haga de mediador y todo bajo la permisiva tolerancia de los guardianes federales.Lo que pasa en este momento en las casetas, a final de cuentas, es un choque entre esos dos Méxicos, reales los dos, pero a los que alguien que vive en Palacio le ha apostado a que vivamos confrontados.Alto riesgo, porque ante la pasiva mirada de la Guardia Nacional estamos a punto de que más automovilistas pierdan la paciencia y avienten su automóvil a aquellos jóvenes, así como que los de los bates y los palos revienten más de un parabrisas.platapi.en.i@hotmail.com