Para ser político no sólo hay que parecerlo, eso cualquiera, bastan dos o tres signos externos de poder como fumar puros caros, traer un séquito de personas detrás y comprar muchos seguidores en redes. Para ser político, además, hay que creérselo, y eso significa estar convencido de que el mundo es mejor gracias a que ellos existen, que son ellos los que están cambiando el derrotero de una comunidad o un país. Dante Delgado no es la excepción. El desplegado publicado ayer es un derroche de ego difícil de superar. Y no porque rechace la alianza con partidos con los que hace apenas unos años estaba de la mano, como el PAN y el PRD, o con el PRI, el partido en el que militó y además en el lado más oscuro, sino por la forma en que ve el mundo sólo a partir de sí mismo. El partido soy yo; quien decide quién es figura y quién no, soy yo; quien conoce el devenir del país, soy yo; quien firma a nombre del partido, soy yo. Nos, Dante, el mayestático.La apuesta de Dante Delgado es arriesgada. Su argumento es que los candidatos que son auténticos y fuera del sistema son los que están teniendo mejores resultados en el mundo. Algo hay de cierto. Ahí están como muestra el presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo, o el mismo Samuel García, quien arrancó cuarto en la elección de Nuevo León y terminó ganando la gubernatura, pero, si alguien sabe que en política no se puede extrapolar situaciones es justamente un político experimentado como él.Al desplegado de Dante le sobran palabras y le faltan argumentos. Más allá de la épica personal y sus cincuenta años que dice haber trabajado para construir un mejor país en detrimento de su tiempo familiar, la larga carta no responde a la cuestión central: qué es lo mejor para el partido Movimiento Ciudadano en la coyuntura de 2024, en una elección polarizada donde, a falta de un sistema de segunda vuelta, lo que nos dice la experiencia es que el tercero en discordia termina haciéndose chiquito. Es el caso de Cuauhtémoc Cárdenas en el año 2000 o de Roberto Madrazo en 2006. Con una diferencia: el PRD y el PRI de aquellos años tenían un voto duro que MC no tiene.La apuesta de Dante es sumamente arriesgada. Si consigue un candidato competitivo, que hoy por hoy no tiene, y logra ya no ganar la elección sino superar los dos dígitos, será todo un héroe. Si le sale mal pondrá en riesgo el registro del partido y las posiciones logradas en Jalisco y Nuevo León. La pregunta es: ¿por qué alguien como Enrique Alfaro o Luis Donaldo Colosio se la tendría que jugar con una estrategia cuyo único asidero es el ego de Dante?Lo mejor de este pleito es que ninguno de los dos tiene salida. Es un matrimonio mal avenido donde lo único que no está permitido es el divorcio.diego.petersen@informador.com.mx