Un grupo de pequeños inversionistas por medio de plataformas digitales desafiaron a los intermediarios profesionales de Wall Street la semana pasada. Una reunión virtual de miles de personas apareció en un momento determinado expresándose de forma coordinada.Este enorme equipo compró acciones en la bolsa de valores de NY de una empresa en pérdidas y logró que el valor se incrementara más de 500%. Algunos ganaron en unos días tanto como lo que otros tardan años. Esto también significó pérdidas de miles de millones de dólares para algunas de las grandes empresas financieras de New York.La acción fue posible gracias al proceso de expansión de plataformas digitales que permiten a pequeños ahorradores participar en el mercado financiero con comisiones muy pequeñas y se convirtió en una manifestación de una suerte de fuerza popular. En cuestión de horas, este hecho sin precedentes en el mundo financiero, adquirió el valor simbólico que quizá alguno de sus creadores buscaba: La percepción de que un grupo de inversionistas aficionados irrumpía en el mercado más grande del mundo y lograba mover los valores en su beneficio.En un foro llamado WallStreetBets en la comunidad reditt.com algunos tomaron la iniciativa que fue seguida por miles para invertir en contra de las apuestas de los grandes fondos. Se creó la sensación de una verdadera rebelión de David contra Goliat, y los participantes aumentaron por miles invirtiendo cantidades pequeñas y proyectando la imagen de lograr realizar enormes ganancias mediante una suerte de asalto a los profesionales.Los reguladores intervinieron para parar el proceso, pero las reacciones no se hicieron esperar en las redes sociales, exigiendo el respeto a la libertad en medio de una especie de frenesí, así que las limitaciones para comprar fueron levantadas, para continuar con el movimiento.Aún no sabemos cómo terminará en los siguientes días el proceso, pero el impacto del hecho mismo es innegable. Los analistas consideran que el impacto real en el mercado es marginal, pero el valor simbólico es tan grande que seguramente desatará debates en los ámbitos políticos en Estados Unidos y Europa.Es una llamada de atención para el cuidado que deben tener los reguladores del mercado ante las burbujas financieras que se presentan en tiempos agitados. El recuerdo de lo sucedido en 1929 es ineludible, en momentos en los que el mundo atraviesa, como sucedió entonces, por una disminución de la actividad económica que no se refleja en los valores de las compañías que cotizan las bolsas.También significa una manifestación del potencial de una acción coordinada en el ámbito digital, que así como otras han impactado a la política, como la rebelión sucedida en Washington a principios de noviembre o las que se han gestado con los chalecos amarillos en París hace algunos meses.Muchas de las tensiones acumuladas en los meses de pandemia, con sus estragos económicos y cambios profundos en la forma de vivir y convivir comienzan a manifestarse de forma inusitada.El flashmob financiero pareciera una manifestación de protesta contra los grandes operadores aprovechando ese deseo oculto de obtener dinero sin trabajar. Aparentemente es un contrasentido protestar haciendo dinero, pero el hecho mismo pone de manifiesto los mecanismos que impulsan la desigualdad en tiempos de crisis.Las manifestaciones de inconformidad social se incuban cuando se limitan los derechos. La pandemia y sus efectos se convierten en fermento silencioso de un novedoso comportamiento social que se asoma de diversas formas. En todas está implícita la necesidad de cuidar el régimen de libertad y los derechos de igualdad, porque estos movimientos implican un enorme compromiso emocional que pueden ser aprovechados por intenciones aviesas.Habrá que estar pendientes de estos hechos que surgen en Holanda, en Hong Kong, París o el Reino Unido. Al fin de cuentas son confirmación del cambio de era que vivimos.