Jueves, 09 de Octubre 2025

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El mal radical de la violencia

Por: Luis Ernesto Salomón

El mal radical de la violencia

El mal radical de la violencia

Hace más de 30 años corrían las versiones que en algunas zonas de Veracruz y Tamaulipas grupos armados imponían su ley. Eran relatos, que entonces, parecían leyendas, contadas en círculos de personas informadas y que poco a poco fueron conocidas por la opinión pública. Luego de algunos años la constante fue el crecimiento de estos grupos y el repliegue de las autoridades. Estos hechos se extendieron a otras regiones y al poco tiempo se hablaba de que amplias regiones del Golfo de México, Michoacán, Guerrero y Sinaloa vivían una simulación en donde las autoridades reales no eran quienes gobernaban.

Estos hechos se esparcieron como un virus y ahora es del conocimiento público como grupos armados disputan abiertamente el control del territorio a las instituciones.

Esta disputa ha generado la mayor ola de violencia en tiempos de paz en México y significa el mayor desafío para la sociedad en conjunto.

La violencia nos envuelve cada día como una sombra que amenaza con dejarnos en la obscuridad de la desesperanza. Las historias horribles que se difunden como objeto de consumo, son signos sistemáticos de ilegalidad, lo que es en sí grave, pero es aún mayor el daño si lo vemos como el alzamiento de una maldad esparcida por el deseo de romper los límites de cualquier respeto, impulsado por el dinero fácil.

Esa maldad radical es la falta de razón consciente que abre paso a la violencia como expresión de descontento, desafío e insubordinación sustentada en un sentimiento efímero. Esa agitación ha provocado el crecimiento criminal que impulsa la violencia como forma de imponer sus condiciones para acumular riqueza y poder. En muchos casos adueñados de actividades legales, se convierten en un peligroso motivo de admiración social. La sombra entonces se disfraza de brillo luminoso en bares, discotecas y espectáculos. Estos hechos inocultables también preocupan más allá de nuestras fronteras y son motivo de presiones en el exterior.

La ola interminable de homicidios, secuestros y actos violentos de estas décadas ha infectado a muchos órganos del cuerpo social que como un virus, ha dañado el funcionamiento de las instituciones. Se ha convertido en un movimiento insurgente variopinto que, si bien es cierto, no está articulado nacionalmente con una ideología o declara la guerra al Estado, de hecho busca establecer condiciones de convivencia en las comunidades.

Esta realidad impone tomar medidas efectivas para revertir el crecimiento de la maldad radical de la violencia como solución alterna a la ley. Por eso las acciones de seguridad pública han de ser consideradas como esenciales, más allá de las diferencias políticas de la coyuntura. El poder público requiere de la acción concertada de todos los factores de la sociedad que desean reducir el mal radical de la violencia en todas sus expresiones e impulsar a México hacia un estado de respeto a la ley perfectamente funcional con el mundo.

No hay que olvidar que nuestro país tiene como principales fuentes de ingresos el comercio exterior y el turismo 

Las medidas que se han tomado por las autoridades para fortalecer la seguridad en puertos, aeropuertos y las acciones para combatir la violencia criminal mediante la Guardia Nacional y la fuerzas armadas son medidas de control necesarias para asegurar una normalidad en actividades económicas esenciales.

No hay que olvidar que nuestro país tiene como principales fuentes de ingresos el comercio exterior y el turismo que requieren condiciones mínimas de seguridad para su funcionamiento regular. El asumir como un hecho irreversible la violencia sería el mayor error que cometiera nuestra generación. Hay que sostener la lucha contra la sombra perversa de la violencia con ley en la mano.
 

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