Personalmente no conozco a integrante alguno de la comunidad gay (y tengo muy buenos amigos y colaboradores) que se sienta ofendido, insultado o discriminado por el famoso grito de “puto” en los estadios mexicanos.El viernes pasado, en el estadio Jalisco, el partido de Atlas como local se suspendió durante un par minutos como castigo por el grito en las tribunas (con la amenaza de cancelarlo definitivamente), y cuando la afición fue invitada a través del sonido local a evitar el grito ya estaban muy molestos, enojados porque su equipo perdía por dos goles producto de errores groseros de la defensa, y entonces y con más ganas gritaban y gritaban al unísono.Afortunadamente fue ya al final del partido y no pasó más.¿Seremos capaces de estresar al futbol por un grito que está muy lejos de las ofensas racistas que hay en Europa contra jugadores de piel oscura a quienes, desde la tribuna, sí ofenden con ruidos similares a los de los simios o les avientan plátanos?Creemos que no hay punto de comparación.Y es que en nuestro afán de ser “políticamente correctos” hemos caído en el extremo de dejar de llamar a muchas cosas por su nombre popular, cuando así se venía haciendo como parte de nuestra cultura irreverente y burlona, sin ofender a nadie.Valdría la pena darle una buena revisada (a fondo) al tema porque de no cambiar los criterios de las autoridades futbolísticas, y mientras sigan viendo el grito como una ofensa a la comunidad gay, estamos a nada de que se suspendan partidos, llegando a extremos extraordinarios, y creemos que ni así se erradicará el grito de los estadios.No ha habido una defensa seria del tema. Habría que consultar a sociólogos y especialistas sobre la naturaleza y fondo del grito, y no pretender verlo como ofensa porque así en realidad estamos creando una división que no existía entre las porras en los estadios y la comunidad gay.Hasta hoy no se había reparado en esa barrera.Con amenazas y castigos en el futbol se construye una animadversión hacia la cultura de inclusión, la auténtica, que busca efectivamente que podamos ser una sola sociedad sin distingos de preferencias sexuales.Y pensamos que las baterías de quienes buscan hacer del futbol una fiesta sana deberían estar enfocadas a problemas que sí le afectan como las maniobras y manipulaciones de promotores y comisionistas de jugadores que manipulan y utilizan métodos perversos para promover la compra-venta de jugadores.Ahora, que si usted no está de acuerdo con nosotros, el debate está abierto.A la orden.