Martes, 14 de Octubre 2025

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La justicia  y los niños

Por: Diego Petersen

La justicia  y los niños

La justicia  y los niños

Hay cosas que nos definen como sociedad, de alguna manera son catalizadoras del pensamiento y las formas de organización social. Así, por ejemplo, una de las cosas que más habla de una sociedad en materia de medio ambiente es el cuidado y la relación de la ciudad con los cuerpos de agua; o la calidad y cuidado de sus escuelas en materia educativa, o la forma en que abordamos el transporte público. En términos de Estado de Derecho nada habla tanto de una sociedad como el maltrato a los menores.   

Tres casos recientes deben ponernos en alerta. El primero, el sonadísimo caso de un servidor público, encargado de Recursos Humanos de la Policía de Puerto Vallarta, que fue sorprendido abusando de una niña de diez años, pero el juez no encontró “pruebas suficientes” para condenarlo.

El Poder Judicial ya tomó cartas en el asunto para investigar ahora al juez. Otro caso sucedió en Tala, a unos kilómetros de la metrópoli, una zona azotada por la violencia y el crimen organizado.

Ahí una niña de 12 años que salió en busca de un cargador para su celular fue privada de su libertad cuando caminaba rumbo a un rancho y luego asesinada. La encontraron sin vida tirada en un cañaveral. Otro niño fue agredido a golpes brutalmente por un adulto en un albergue en Zapopan donde, en teoría, deberían cuidarlo. La Fiscalía detuvo al presunto agresor.

Como sociedad no pudimos evitar ninguno de estos tres casos. Pasaron en nuestras narices, en nuestras calles, en nuestras instituciones. Uno de ellos, un funcionario público de seguridad, otro un supuesto cuidador de niños en un albergue. Lo que sí podemos y debemos exigir es que ninguno de ellos quede impune, que se haga justicia, por ellos, por el resto de los niños, por nosotros. Si los dejamos pasar, si se tratan estos casos con displicencia, como otro asunto más dentro del mar de violencia en el que estamos sumergidos, terminaremos por normalizarlos, como hemos hecho tristemente con otras formas de violencia. 

La respuesta de las autoridades no puede ser, como lo hacen con los delitos patrimoniales, pedirnos que nos cuidemos más, que nos hagamos responsables de nuestra seguridad, que cuidemos a nuestros niños. Si renunciamos a la posibilidad de que los niños crezcan libres, que puedan caminar en las calles, que tengan derecho a una infancia feliz y libre de violencia, habremos perdido cualquier esperanza de un futuro mejor. Por ellos, por nosotros, lo que tenemos que exigir es que se haga justicia.

diego.petersen@informador.com.mx
 

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