Es una vergüenza, un desperdicio y una tontería, todo al mismo tiempo. Y es un permanente atentado al patrimonio de las zonas centrales de Guadalajara. Centenares de miles de metros cuadrados de espacios totalmente habitables de inmuebles valiosos en el perímetro uno del Centro están abandonados u ocupados como bodegas destartaladas y carísimas.Esto se puede deber, en primer lugar, a la tontería de propietarios e inquilinos. No ven más allá de sus narices. No se dan cuenta que con poco dinero pueden convertir esos recintos en excelentes y muy rentables departamentos. Con ello, se aumentaría la población fija del Centro, que hace falta desesperada. Se podría ofrecer vivienda a miles de jóvenes desprejuiciados y lúcidos que saben que vivir allí les conviene, y mucho.En segundo lugar se debe a la ineptitud de las autoridades para impulsar y dar estímulos a un programa adecuado. Se debe al INAH, con su miopía, su tortuguismo, su estrechez de miras. También se debe a la lerda creencia muy extendida en las clases medias de que vivir en el Centro es chafa y prefieren irse a las periferias, que son en verdad chafas, antieconómicas, insustentables. Se debe a la idea del miedo tonto fomentado por los desarrolladores de “cotos” con muy pingües ganancias que operan directamente en contra de la salud de la ciudad.Pongamos por ejemplo la planta alta que ilustra esta columna. Abandonada, en rápido deterioro. El INAH queda como a tres cuadras. El propietario podría acondicionar allí unos ocho o 10 departamentos, rentables fácilmente en tres mil 500 pesos mensuales. 35 mil pesos al mes, 420 mil al año. Resultado: pérdida idiota de recursos económicos, de habitabilidad del contexto, de conservación patrimonial. Resultado: los arquitectos del Inah siguen haciendo poquito y haciendo otras cosas. El Patronato del Centro en la luna.Multiplíquese este caso por cientos: pongamos que por 800, conservadoramente. De a cinco departamentos en promedio, son cuatro mil departamentos. Con una ocupación de tres personas en promedio, son 12 mil pobladores nuevos, que le hacen una desesperada falta al Centro, y al municipio, que sigue perdiendo habitantes irremediablemente.Si el municipio de Guadalajara pierde habitantes, automáticamente pierde participaciones federales. Y todos vivimos peor. ¿Qué puede hacer al respecto el Ayuntamiento? Una intensa campaña para ocupar espacios desperdiciados en el Centro. Con alicientes a los propietarios, con un consenso racional con el INAH, con la ayuda de centenares de arquitectos más o menos desocupados, con el concurso de todas las escuelas de arquitectura de la ciudad.Hace mucho que es tiempo de que pasemos de la idiotez inmobiliaria y patrimonial a la cordura. Por el bien de la ciudad, por el bien de todos. Actuemos.