La participación de la mujer en el mercado laboral de nuestro país es fundamental para asegurar un crecimiento económico más equitativo. Creo que en las últimas décadas en México y otras regiones del mundo se ha mejorado sustantivamente, desde luego con sus divergencias y desafíos culturales y locales. Me parece que nos ha quedado claro como sociedad que la inclusión femenina no es un favor, ni una cuota de imagen: es total y crítico para asegurar justicia social y equidad en un mundo que le ha quedado a deber mucho a la mitad de su población durante muchos años. Por supuesto que los avances no son suficientes: aún existen abismos importantes que parten de una desigualdad originaria: las mujeres en casi todos los países, pero con realce en el nuestro, nacen ya con desventajas constitutivas: una mujer en México tendrá más posibilidades que un hombre de ser discriminada por ser mujer, incluso en el seno de su casa, de desertar de la escuela, de asumir responsabilidades de cuidado de miembros de su familia, sacrificando sus proyectos de vida, de desempeñar trabajo de casa sin ningún tipo de reconocimiento, de llegar al ámbito laboral y aspirar a sueldos menores que un hombre, y un largo listado de etcéteras. Todos estos factores históricos, sociales, culturales, económicos e incluso políticos, han impactado ya más de lo que imaginamos el talento laboral mexicano; pues muchas mujeres en situación de desventaja, no han logrado materializar sus sueños, sus proyectos de vida y sus aspiraciones. Las empresas en México se han perdido de mucho talento que se quedó en el camino de la desigualdad.Es por esto que, si en los ámbitos empresariales mexicanos se quiere avanzar hacia una perspectiva y visión femenina en el presente y con miras al futuro, se tiene que trabajar en objetivos tendientes a subsanar tantos errores históricos. La inversión de la iniciativa privada debería poner sus ojos en contribuir a una mejor educación de las mujeres, empezando por las hijas de sus colaboradas y sus colaboradoras. Asegurando la participación de la mujer en los diversos ámbitos de decisión de sus empresas, de las cámaras empresariales y de diferentes roles en la industria. Colaborando con las entidades de gobierno en generar proyectos sociales y de intervención para disminuir la desigualdad de género. Empujando iniciativas de gobierno y legislativas para allanar los principales problemas que afectan a la mujer en nuestro país.La colaboración de la mujer en la vida pública transforma la vida social de nuestras comunidades, de la vida de sus familias y, sobre todo, es transformador para las propias mujeres. Cuando se le da oportunidad a una mujer, se despierta en ella una valoración que anima su autoestima, que reconoce su valía y la hace consciente de la importancia de su trabajo en el mundo. Necesitamos más mujeres seguras de sí mismas que, a su vez, tengan la plataforma para educar a sus hijas en ese mismo espíritu.En México, las mujeres esperan mucho más de los órganos empresariales de nuestro país, en el que más allá de la participación laboral, de romper ciertos techos de cristal y de disminuir las brechas laborales, salariales y de discriminación, en general, se ponga en la mesa el futuro de las niñas, las adolescentes y las jóvenes mexicanas que serán no sólo la fuerza laboral del mañana, pero, sobre todo, la fuerza transformadora de nuestro mundo.*La Dra. Ligia García Béjar es Profesora de Investigación Cualitativa del Doctorado en Ciencias Empresariales de la Universidad Panamericana.