Está por cumplirse un año de la locura. Del día en que finalmente Andrés Manuel López Obrador ganó la elección para Presidente de la República.Y a un año de la victoria habrá que reconocerle la consistencia que mantienen sus seguidores ya que son pocos, o poquísimos, aquellos que han decidido bajarse del barco o criticar al Gobierno. Y reconocerle también los altos índices de aceptación a un año de la elección y siete meses de Gobierno.Esto a pesar de que no se ve claro el arranque de ninguno de sus grandes proyectos, Tren Maya, Aeropuerto de Santa Lucía o Refinería de Dos bocas, y que hay cifras como la producción petrolera y el empleo que van a la baja, así como la calificación de las consultoras internacionales, por más que él insistía en que va bien y que él tiene otras cifras.Ha quedado atrás, es cierto, la arrogancia triunfalista de varios que llegaron al Gobierno aprovechando la ola morenista. Ejemplos notables: Paco Ignacio Taibo, aquel que presumía que “la había metido doblada”, o Jenaro Villamil, que iba a hacer televisión exitosa “para jodidos”, que no sólo no han podido arrancar sus programas espectaculares, sino que están perdidos en los océanos de la burocracia, los recortes y la austeridad, y en el caso de Villamil lo más que ha logrado ha sido convertir a los canales de televisión del Estado en canales de propaganda lopezobradorista.La gran amenaza de crisis que significaron los amagos del presidente Trump de subir los aranceles a todos los productos mexicanos que se venden en Estados Unidos fue librada gracias al compromiso del Gobierno mexicano de tratar de frenar a toda costa la migración de centroamericanos, aunque ello signifique sacrificar a un bueno número de policías federales y elementos de la flamante y recién creada Guardia Nacional para dedicarlos a la caza de migrantes, en lugar de combatir la violencia y la inseguridad en el territorio nacional, que era su objetivo original.Elegir es renunciar. Y gracias a que no hubo aranceles tampoco hubo sobresaltos y tampoco hubo crisis.La Economía se mantiene (hasta hoy jueves) estable, el peso poco presionado frente al dólar, la inflación baja, y el Gobierno no ha requerido fondos “urgentes” por lo que afortunadamente no han subido los impuestos.Para López Obrador se tornan irrelevantes las críticas de sectores como el empresarial (no las oye, no las escucha), y menos las de integrantes de la oposición, ya que tanto PAN como PRI, que no resolvieron los problemas en las oportunidades que tuvieron de gobernar no tienen autoridad moral para criticar.López Obrador sigue en el terreno de las promesas: cada nuevo gran problema (la falta de luz en la península, o la invasión del sargazo en las playas) lo invitan a prometer fondos millonarios sea para construir una planta generadora de energía o para limpiar las costas.Falta mucho tiempo de este Gobierno y por tanto hay esperanza de que cumplan. Así las cosas: sin avances espectaculares, pero tampoco sin grandes caídas. Mal que bien, López Obrador navegando va.