Con la presentación ayer de su cuarto informe anual de actividades, acabó el periodo de Ricardo Suro Esteves al frente del Poder Judicial de Jalisco, que al igual que cuando llegó hace cuatro años sigue siendo uno de los peor evaluados por sus rezagos, por los altos niveles de impunidad que genera, por su nepotismo y por los altos grados de corrupción que señalan diversos estudios que analizan los tribunales superiores de justicia de cada entidad de la República.El 1 de enero de 2017 que asumió como presidente, tras dos años y medio de haber tomado protesta como magistrado en julio de 2014, el Poder Judicial atravesaba una de sus peores crisis de credibilidad y desprestigio, que se agravó por la abrupta salida de su ex titular Luis Carlos Vega Pámanes, cuyos antecedentes penales todos callaron y se revelaron en su momento por rencillas políticas.La llegada y caída de Pámanes evidenció un claro esquema de complicidades e injerencias tanto del Poder Ejecutivo como del Legislativo en la operación y designaciones del Poder Judicial, que han enquistado rutinas y procedimientos que atentan contra el estado de derecho afectando en general la competitividad de Jalisco, y en detrimento de la administración y servicio de justicia a los jaliscienses.Lo que habrá que reconocer de Suro fue que durante los cuatro años de su gestión su figura estuvo libre de cualquier tipo de escándalo. Dirigió con sobriedad el Supremo Tribunal de Justicia y el Consejo de la Judicatura y siempre fue abierto y respetuoso a la crítica. Eso sin duda significó un avance, pero demostró también que no basta la voluntad de un presidente con buena reputación para sacar adelante los cambios y las decisiones para recuperar un Poder Judicial cuestionado constantemente por las actuaciones corruptas de magistrados que liberan a peligrosos delincuentes ya sentenciados o por decisiones de jueces que liberan a detenidos de alta peligrosidad según reprochan los agentes del Ministerio Público de la Fiscalía del Estado.En su informe de ayer, Suro reconoció que la imagen y credibilidad institucional estaban desgastadas y que su prioridad fue siempre combatir la impunidad y la corrupción, que acertadamente dijo, pone en riesgo patrimonios, bienes, libertad de personas y el futuro de las niñas y de los niños.Pese a esta convicción, es claro que Suro dejó muchos de esos planes sin lograr los resultados que él mismo, y más la sociedad, querían ver realizados para salvar un Poder Judicial que hoy está más alejado que nunca de cumplir con los anhelos de justicia de los jaliscienses por las resistencias y millonarios intereses de las tramas de corrupción en las que participan funcionarios judiciales, jueces, magistrados y consejeros. Por eso el que lo suceda en el cargo que se elegirá hoy encontrará exactamente la misma misión que Suro hace cuatro años: limpiar el Poder Judicial.jbarrera4r@gmail.com