El 31 de octubre del año pasado, Donald Trump criticó al Gobierno de Nigeria por no hacer nada para frenar la masacre de cristianos en su territorio. En su red social expresó que Estados Unidos no podía quedarse de brazos cruzados mientras “el cristianismo está enfrentando una amenaza existencial en Nigeria. Islamistas radicales son responsables de esta masacre masiva”.El asunto estaba tan fuera de coyuntura, que incluso en medios de comunicación había dudas sobre si se refería a Nigeria, donde la violencia de esos extremistas agarra parejo contra cristianos y musulmanes rivales, o a Níger, otro país africano en donde la persecución religiosa contra los católicos es más aguda.Dos meses después de esa declaración, el 25 de diciembre, el ejército de Estados Unidos bombardeó zonas rurales del noroeste de Nigeria. Lanzó 16 misiles Tomahawk contra sitios donde ha detectado al grupo terrorista Estado Islámico (ISIS), acusado de estas matanzas contra cristianos.¿Qué hizo el gobierno de Nigeria? Intentar salvar cara. No confrontó, no se envolvió en la bandera ni reclamó una violación a su soberanía. Salió a decir que el ataque fue coordinado con Estados Unidos. Que su canciller lo coordinó con el secretario de Estado de Trump, Marco Rubio. Que el presidente de Nigeria dio su aprobación para la operación militar americana. Que hubo incluso intercambio de inteligencia. El jefe del comando africano del ejército estadounidense validó la versión de la cooperación.No muchos creyeron esa versión oficial. Más bien pareció una decisión estadounidense frente a la que Nigeria simplemente intentó salvar cara. Un manual del que quizá tenga que echar mano la Presidenta Sheinbaum si Trump se decide a ejecutar lo que viene anunciando desde hace meses: un ataque militar americano contra los narcos mexicanos en suelo de nuestro país.Desde luego Nigeria no tiene la relevancia para Estados Unidos que tiene México, pero se trata de uno de los jugadores más relevantes de África en el tablero geopolítico. No es una dictadura ni un estado fallido. Empezó su vida democrática más reciente en 1999 y ha tenido hasta transición política en el poder. Constituye una de las economías más grandes del continente, con una producción petrolera equivalente a la de México. Claro, la economía mexicana es cuatro veces más grande. Por no decir lo obvio: Nigeria está a 10 mil kilómetros de Estados Unidos, mientras México comparte más de mil kilómetros de frontera. Eso obliga a la super potencia a un trato más cuidadoso por tratarse de un socio estratégico en comercio, migración y seguridad.Por eso mismo el Gobierno de México tendrá que evaluar qué hacer y qué decir frente a lo que hoy luce como una amenaza mucho más creíble de lo que lucía antes de la Operación Determinación Absoluta en Caracas.La Presidenta ha mostrado oficio y la comunidad internacional la ha valorado por eso: apenas hace unos días el Wall Street Journal evaluaba que México fue el país que salió mejor librado de la guerra de aranceles de Trump, cuando parecía ser víctima natural. Veremos en esta otra guerra.carlosloret@yahoo.com.mx