Como que ya no están de moda las apariciones de vidas que pasaron, como había en mi infancia, en que cualquier casa que se respetara tenía un grupo de ánimas encargadas, por no decir, la Iglesia católica, que tenía las ánimas del purgatorio, las cuales eran materia de oración para que salieran de ese horrible lugar. Mi nana decía que una de la promesa de la Virgen era sacar los sábados a las ánimas del purgatorio, pero para ella la gracia era que las volvía a llevar de vuelta, lo cual no coincidía con la enseñanza del tema.En la casa de mis abuelos maternos se tenía la devoción de rezarle al alma del abuelo de Trinidacita cada que se perdía algún objeto. Se sigue haciendo por muchos en la casa, pero todavía no sabemos quién demonios era Trinidacita y mucho menos su abuelo, porque si existió la tal Trinidacita, pues es obvio que tenía un abuelo.Ahora los jóvenes usan más otro tipo de espantos, por ejemplo, las momias de diferentes sitios o el desfile de muertos que inventó James Bond y que ahora es el predominante en los festejos.En mis tiempos había amigos que buscaban ánimas que aparecieran en medio de una fogata porque, según la tradición, donde aparece un ánima con fogata significa que hay un tesoro y en la Guadalajara vieja se utilizaba mucho decir que había tesoros enterrados. Yo, desgraciadamente, no encontré ninguno, a pesar de que en cierta etapa de mi vida me gustaba mucho ir a los panteones tradicionales; los nuevos, que parecen jardín, no me gustan, prefiero unos con vampiros y tumbas tenebrosas y húmedas, pero cada quien sus gustos.Una historia de ánimas ocurrió en casa de mi bisabuela, que vivía en casa de mi tía Lola, su hija, y que tenía una vecina que, hasta donde me acuerdo, le decían doña Balbinita. Pues murió mi bisabuela y murió la señora Balbina y, mucho tiempo después, se encontraron mis tías al sobrino de doña Balbinita; al haber sido vecinos durante años, les dio mucho gusto encontrarse. Él, como comentario, les dijo que en casa de su tía sabían que eran las siete de la tarde porque sonaba un molinillo para hacer chocolate, ruido que provenía de casa de mi bisabuela. Lo curioso es que en casa de mi tía juraban que a las siete siempre doña Balbinita hacía su chocolate y se preparaban ellos para hacer la merienda. Pero ni en casa de doña Balbina ni en la de mi tía hicieron chocolate a esa hora nunca. De tal manera que solo pudieron hacerlo las ánimas jacarandosas del rumbo y, desde luego, en todas las casas había historias semejantes.Tengo en casa una pintura de un ánima sola, que antes eran muy frecuentes, y es un ánima en el fuego del purgatorio que está expiando sus pecados; aparece con una mano pegada a la cara y un sobrino mío, con plena falta de devoción, preguntó que si el ánima estaba hablando por teléfono.@enrigue_zuloaga