Los resultados de la investigación de la Fiscalía General de la República (FGR) sobre las causas del descarrilamiento del Tren Interoceánico, que se presentaron el martes pasado, un día antes de que se cumpliera un mes de la tragedia que provocó 14 muertos y más de cien heridos, el 28 de diciembre pasado en Oaxaca, dejaron más dudas que certezas.Y es que muchas voces de expertos en temas ferroviarios consideraron que ese accidente no pudo deberse solamente al exceso de velocidad con la que transitaba el tren en su trayecto de Salina Cruz a Coatzacoalcos, como lo explicó ayer la titular de la FGR, Ernestina Godoy, y por lo que ya está detenido el maquinista Felipe de Jesús Díaz Gómez.Uno de los primeros cuestionamientos es el hecho de por qué no se disparó ninguna alerta si el tren viajaba a 110 kilómetros por hora, cuando el límite era de 70 km/h, en la mayor parte de este recorrido de 76 kilómetros antes de descarrilarse en una curva. Se critica además por qué no se activó algún sistema de frenado automático para prevenir la tragedia, así como las deficiencias en la obra y en los trenes usados que se utilizaban.Este accidente vuelve a poner a Ernestina Godoy y a la propia Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, en una situación similar a la que las puso el peor siniestro en la historia del Metro de la Ciudad de México, con la caída de la Línea 12, ocurrida en mayo de 2021, que dejó como saldo 27 muertos y 80 heridos y que afectó las relaciones políticas al interior de Morena, porque el accidente golpeaba a dos de sus más aventajados presidenciables: el canciller Marcelo Ebrard, que como jefe de Gobierno construyó la Línea 12 y fue perseguido por sus fallas por su sucesor Miguel Ángel Mancera; y Sheinbaum, gobernadora de la Ciudad de México, quien pese a los daños que causó el temblor de 2017 en esta estructura del Metro, nunca emprendió acciones contundentes para su reparación.La entonces procuradora de la CDMX, hoy fiscal de México, fue quien también dio los resultados de la investigación de aquel incidente, que atribuyó a unos pernos mal colocados, sin sancionar a ningún funcionario de primer nivel.Cuatro años y ocho meses después, el informe de Godoy sobre el accidente en el Tren Interoceánico recuerda mucho al de la L-12, tal vez por tratarse de una obra insignia del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, que encargó al actual secretario de la Marina y que supervisó de “forma honorífica” su hijo Gonzalo, y por los señalamientos de que Pedro Salazar, amigo de sus hijos, vendió la grava y el balastro de mala calidad para esa obra, y hay una grabación en la que se jacta de decir: “Ya cuando se descarrile el tren, pues ahí ya va a ser otro pedo”.