Martes, 03 de Marzo 2026

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Democracia: ¿Los mejores al gobierno?

Por: Jorge O. Navarro

Democracia: ¿Los mejores al gobierno?

Democracia: ¿Los mejores al gobierno?

Enfáticamente: no. Un sistema democrático no garantiza que los mejores ciudadanos sean gobernantes. Hablemos estrictamente de México. Desde que en octubre de 1990 (hace apenas 35 años) entró en funciones el Instituto Federal Electoral para organizar las elecciones federales que permitieran elegir presidente, diputados federales y senadores, arrebatándole al Poder Ejecutivo esa función que lo convertía en juez y parte, ¿hemos tenido los mejores presidentes, diputados y senadores?

Salvo contadas excepciones, legiones de diputados y senadores han pasado por el cargo sin dejar apenas una huella en favor del crecimiento, la modernización o el desarrollo democrático del país. No es ninguna sorpresa porque durante este periodo el Poder Legislativo siguió siendo, en mayor o menor medida, un poder sumiso a la presidencia.

¿Y de los presidentes qué puede decirse? Abrir la puerta a una discusión sobre sus aportaciones y logros históricos puede ser inexacto, porque siempre intervendrán apreciaciones políticas, válidas todas, pero no objetivas.

Ya muchos especialistas han efectuado análisis científicos basados en hechos contundentes, medibles y estadísticos, sobre temas como economía, salud, educación, seguridad, infraestructura y otros.

Preguntas llanas: ¿Mejoró el sistema de salud? Aquel famoso “mejor que Dinamarca” deja hoy un sabor amargo y no provoca sonrisas.

¿Mejoró la economía? Porque a pesar de logros como el incremento al salario mínimo y la disminución porcentual de la pobreza, también es cierto que el crecimiento total de la economía sigue en estancamiento técnico y la deuda pública creció históricamente.

¿Los presidentes desde Carlos Salinas hasta Andrés Manuel López Obrador mejoraron el sistema educativo? Los resultados son evidentes: se mantienen los niveles más bajos registrados en la OCDE en matemáticas, comprensión de lectura y expresión. Naturalmente, el sistema educativo se compone de mucho más que el resultado de evaluaciones, pero planteado de otro modo, ¿están más y mejor preparados los egresados de educación básica hoy que en 1990?

Es técnicamente inviable revisar y evaluar en unos párrafos el resultado de 35 años de un sistema democrático ciudadanizado, después de un largo período de autoritarismo o, como le llamaron antes, un “presidencialismo exacerbado”.

También es real que el ejercicio de seis presidentes (Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López), no ha sido el único factor en el lento desarrollo de una nación como México, que ha estado llamada –a menos que se trate de otra ilusión comunitaria– a ser una potencia en el mundo, pero se ha tropezado a sí misma.

La certeza en medio de la presentación de una nueva propuesta de reforma electoral ahora por parte de la Presidenta Claudia Sheinbaum, es que modificar las reglas electorales sólo genera nuevos mecanismos para elegir autoridades, pero no permitirán que los ciudadanos más aptos sean funcionarios.

Es un mito: la democracia no mejora naciones. Estrictamente, permite la posibilidad de que los ciudadanos voten para elegir a sus autoridades. Lo que sucede después es resultado de una combinación inconmensurable de circunstancias.

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