Domingo, 18 de Enero 2026
Ideas |

“Don’t mess with Mexico”

Por: Luis Ernesto Salomón

“Don’t mess with Mexico”

“Don’t mess with Mexico”

Hace más de cuarenta años comenzaron a aparecer, al costado de las carreteras de Texas, anuncios con una frase tan simple como provocadora: “Don’t Mess with Texas”. Nacida como una campaña de servicio público para disuadir a los automovilistas de tirar basura, la consigna trascendió rápidamente su propósito original. Con el tiempo, el eslogan se incorporó al imaginario colectivo texano y estadounidense hasta convertirse en una declaración de identidad y orgullo estatal. El tono retador, casi desafiante, terminó por fijarse como una marca cultural.

Hoy, en medio de amenazas estridentes, de un espectáculo político cargado de rayos y centellas que buscan más exhibir poder que producir resultados, no sería descabellado imaginar una consigna equivalente desde este lado de la frontera: “Don’t Mess with Mexico”. No como gesto beligerante, sino como afirmación de una identidad sólida frente a un entorno incierto.

La identidad mexicana contemporánea, sin embargo, poco tiene que ver con el estilo bravucón o confrontacional. Se parece mucho más a la métis griega —esa inteligencia práctica y adaptativa que Odiseo empleaba no para anular al adversario, sino para integrarlo— o, en clave popular, al entrañable Speedy González. Speedy representa una métis moderna: inteligencia cooperativa, velocidad, ingenio y eficacia sin dominación. Es un poder que no se impone por la fuerza, pero que tampoco puede ser detenido. En un mundo de fuerzas desiguales, enseña que controlar el ritmo y el ingenio suele ser más decisivo.

Con el paso del tiempo, esta etapa de intento de reconfiguración del orden global —y de fricción retórica con México— será recordada como una prueba de un proceso de integración social, económica y cultural en América del Norte, cuyo principal punto de fusión es precisamente la frontera entre México y Estados Unidos. También será vista como un periodo en el que se pusieron a prueba las instituciones, el derecho, la democracia y la capacidad de elevar la mirada por encima de disputas a ras de suelo, entre el polvo y el lodo. Porque, al fin de cuentas, la mayoría estamos de acuerdo en que los valores, la democracia y la libertad imperen, manteniendo esta región como zona de respeto a la persona por encima de la violencia y la concentración de poder que amenaza la libertad.

No pelear con México es, hoy por hoy, lo más conveniente para Donald Trump, quien busca reforzar una imagen de poder mediante gestos estridentes en el continente, con la mira puesta en resultados electorales inmediatos y en la proyección de su proyecto político más allá del próximo ciclo presidencial. Las imágenes de fortaleza que persigue puede obtenerlas trabajando con México, no confrontándolo. Eso sería, paradójicamente, mucho más astuto que provocar inestabilidad al sur de su frontera con su principal socio comercial, justo cuando pretende fortalecer una política de defensa más ambiciosa que, inevitablemente, requiere de la cooperación de sus vecinos.

No pelear con México implica también proteger intereses conjuntos que son cada vez más amplios y complejos, en un entramado de relaciones económicas transnacionales que dependen de espacios geográficos y mercados estratégicos. México es, fuera de sus fronteras, el espacio geográfico más relevante para Estados Unidos y su mercado estratégico más importante, no solo por su tamaño, sino por su enorme potencial.

Por eso, no pelear con México es lo más inteligente. Ello no significa renunciar a la presión política ni a la negociación dura en el marco del orden geopolítico actual, sino entender los límites y los costos de la confrontación abierta.

No pelear con México implica, además, reconocer que ya no se trata de un actor al que se pueda pasar por encima sin consecuencias. La decimocuarta economía del mundo, la mayor población de habla hispana y una nación con una riqueza cultural propia e inquebrantable no reaccionan bien ante la amenaza directa: reaccionan cerrando filas y rechazando la violencia.

Y aunque todavía no exista una campaña formal llamada “Don’t Mess with Mexico”, es probable que en muchos escritorios —y en no pocas reflexiones estratégicas— ya esté presente la misma conclusión: pelear con México es una pésima idea.

luisernestosalomon@gmail.com

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones