Jueves, 22 de Enero 2026

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“El templo de huesos”: Sobreviviendo al fin de los tiempos

Por: Arturo Garibay

“El templo de huesos”: Sobreviviendo al fin de los tiempos

“El templo de huesos”: Sobreviviendo al fin de los tiempos

Qué bonito se siente cuando uno sale del cine entusiasmado, estremecido tras ver una película de género. Y justo me acaba de pasar. Cuando los créditos finales corren y las luces se encienden, “Exterminio: El templo de huesos” (“28 Years Later: The Bone Temple”) te avienta de regreso al mundo real con la adrenalina a tope. Me queda claro que estamos ante la primera candidata sólida para trascender como una de las grandes piezas de horror del incipiente 2026. Sí, es una digna integrante de la saga “Exterminio” (“28 Days Later”), una de las mejores sagas apocalípticas de lo que va de este siglo, la cual, lastimosamente, también tiene una de las peores traducciones de título que se hayan visto en nuestro mercado. (Siempre voy a buscar una excusa para repetirlo: ¿qué tenía de malo “28 días después”?)

La serie fílmica iniciada por Danny Boyle es grande porque ha tenido la virtud de no quedarse estancada. Película tras película, recibimos una nueva revelación, un nuevo impacto, una nueva promesa. La trama se expande. Los personajes son ricos, siempre. Las complejidades de ese universo virulento y cataclísmico se elevan, no importa si han pasado 28 días, semanas o años. La directora Nia DaCosta ha hecho que sea un placer volver a ese mundo desahuciado con este cuarto largometraje.

En “El templo de huesos” nos reencontramos, por un lado, con el joven Spike (Alfie Williams), cuyo periplo sufre un descarnado revés cuando su camino se cruza con el de Sir Lord Jimmy (un Jack O’Connell tan espectacular como en “Pecadores”. ¡¿Dónde están los premios de este tipo?!). Así, Spike se suma a una banda de cultistas asesinos. En tanto, también volvemos al osario del Dr. Kelson (Ralph Fiennes), un personajazo que jugará nuevamente un rol decisivo, tal y como lo hizo en “La Evolución”.

Huelga decir que Ralph Fiennes suma otra interpretación legendaria a su filmografía. El actor reafirma lo que ya sabemos: que es un todoterreno interpretativo, un hombre que actúa con la mirada, con su voz (¡una delicia!) y con el cuerpo. En esta ocasión, en especial con el cuerpo. Su interpretación es kinésica pura, indomable… y metalera. Gracias al trabajo de Fiennes, la cinta nos regala el mejor uso que yo recuerde de una canción de Iron Maiden en una película, una suerte de “lypsinc for your life” de nivel icónico. La escena tiene todo para trascender en el acervo histórico del cine de género. DaCosta, Fiennes, el guionista Alex Garland, el cinefotógrafo Sean Bobbitt y el resto del equipo técnico y creativo se volaron la barda. O, mejor dicho, los huesos.

Pero “El templo de huesos” no sólo es una pieza de gran acabado visual, narrativo e histriónico. También presume un discurso meritorio. Los temas de la saga permanecen y reciben un tratamiento acorde e, incluso, se agrandan, pues el mismísimo diablo entra a la ecuación. Entre el fin de la civilización, la pandemia apocalíptica, la disolución de cada hebra del tejido social, el fracaso de la humanidad y los embates de los furiosos zombies, verás emerger la figura del señor de los avernos. Pero el diablo aquí no huele a azufre ni tiene patas de gallo o cabra: el demonio yace en el trauma, en el vacío, en las acciones de aquel que decide destruir al otro, en el hombre que elige la crueldad sobre la compasión, en aquel que somete o engatusa a quienes le rodean, en aquel que transgrede la inocencia, en los cultos, en los delirios de grandeza. Y, también, en la mirada de quienes han sido envenenados, aquellos que, cuando ven a su prójimo, sólo ven monstruos que tienen que ser destruidos. El diablo está en las inocencias quebradas, en las infancias robadas, en un mundo que le da a los jóvenes pura muerte y desesperanza, en vez de anhelos y posibilidades.

Dicho lo anterior, “Exterminio” sigue siendo un relato sobre el fin de la civilización y sobre lo que elegimos ser frente al acabose. Empero, “El templo de huesos” también se erige como un relato sobre los venenos del cultismo (sobre la mentalidad de culto), sobre el destino fatal que aguarda a aquellos que pierden su identidad y personalidad para servir al tirano, al sangriento, al sádico. Y, por supuesto, nuevamente es una peli sobre supervivencia: encontramos a los que sobreviven porque eligen ver, apreciar y defender al mundo y a las personas que les rodean, pero también a quienes sobreviven pagando el costo de perder el alma.

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