Miércoles, 21 de Enero 2026

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Emperador Trump, año uno

Por: Rubén Martín

Emperador Trump, año uno

Emperador Trump, año uno

Donald Trump cumplió ayer un año en su segundo mandato como presidente de Estados Unidos y el mundo no puede más que lamentarlo. Su desmedida ambición de “Make America Great Again” se ha traducido en un conjunto de consecuencias desastrosas tanto en política interna norteamericana, como repercusiones geopolíticas históricas. 

En términos resumidos, en su primer año de administración, Trump cambió el escenario político global, desmanteló los sistemas de comercio mundial y multilateral, inauguró una política de sometimiento de sus socios y destrucción de sus opositores, tanto dentro como fuera de Estados Unidos, según resumieron atinadamente académicos del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM. 

Dentro de Estados Unidos, el Gobierno de Trump ha perseguido minorías, eliminado derechos sociales ganados y presionado para imponer su ideología conservadora, supremacista y clasista.

Ha censurado el derecho de cátedra y la libre expresión al eliminar materias sobre cambio climático, racismo y derechos humanos en las universidades. Un caso muy concreto de censura es el de Martin Peterson, profesor de filosofía en la Universidad de Texas A&M, quien recibió un correo informándole “que debía eliminar algunas enseñanzas de Platón de su programa de estudios”. Era una forma, escribió el jefe de su departamento en un correo electrónico, de que “la clase de filosofía del Dr. Peterson pudiera cumplir con las nuevas políticas que limitan el debate sobre raza y género” (New York Times, 7 enero de 2026).

Uno de los aspectos más violentos y crueles en el primer año del Gobierno de Trump es su política antiinmigrante impuesta de manera violenta por los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, siglas en inglés), dirigidos por Greg Bovino, el director que esta semana se paseó por las calles de Minneapolis, vistiendo un abrigo semejante a los generales de la SS de la Alemania nazi, apenas una semana después de que uno de sus agentes asesinara a la activista Rene Good. 

En materia internacional, bastó un año para que el Gobierno de Donald Trump destruyera el sistema de libre comercio y multilateralismo para volver a la economía cerrada bajo amenaza de aranceles.  Lo dijo en un memorable discurso el primer ministro de Canadá, Mark Carney ayer en Davos, Suiza: “Cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación”, para agregar: “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”. 

En lo político, Trump destruyó el imperfecto orden liberal mundial de posguerra basado en normas y leyes internacionales para afirmar la imposición de un imperialismo crudo y cínico que no tiene empacho en proclamar sus deseos intervencionistas y colonialistas como ya lo hizo en Venezuela y está por hacerlo en Groenlandia. De manera absurda desempolvó la Doctrina Monroe y para poner como eje de la misma la apropiación del “Hemisferio Occidental” alegando garantizar su seguridad nacional. 

Está rompiendo con aliados históricos y confiables, para los intereses norteamericanos, como Europa y Canadá. El discurso de Carney ayer en Davos es un anuncio de que ya no caminarán de la mano ni confiarán en Estados Unidos para procurar los intereses de los canadienses. Algo semejante están fraguando los líderes europeos que hasta ahora han reaccionado de modo tibio y sumiso. 

En Medio Oriente, permitió que Israel terminara de destruir todas las infraestructuras vitales de Gaza para proyectar en el futuro una Franja sin palestinos e imaginada como un destino turístico de gran lujo. Atacó instalaciones nucleares de Irán además de bombardear Siria, Yemen y Somalia. 

En definitiva ha creado un mundo peor del que ya teníamos en enero de 2025, que no era promisorio, pero ahora es mucho más oscuro y temible. Es un mundo donde se vuelve al imperio de la fuerza, el riesgo de padecer invasiones o despojos coloniales solo para satisfacer apetitos imperialistas, un mundo donde se persigue a los disidentes y críticos, la ciencia y la cultura y se pretende imponer una visión religiosa y racista del mundo para suprimir las disidencias y las diversidades.

Este es el mundo que Trump imagina con él como emperador del planeta. Algo parecido a lo que Hitler proyectaba en 1939 cuando invadió Polonia y pensaba que podía hacer lo que quería con el resto del mundo. Deshacerse de ese aspirante a emperador costó más de 70 millones de muertes en la Segunda Guerra Mundial. Es necesario resistir al trumpismo, por los medios que nos sean posibles, para evitar pagar un costo tan alto antes de deponer al aspirante a emperador.

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