Entre las muchas tragedias de la historia de la princesa Diana, una fue ser celebridad mundial en esa era previa a los celulares y las redes sociales dominada por paparazzi. Las redes nos han proporcionado una visión exclusiva del día a día de los famosos; sabemos lo que comen, cómo es el interior de sus casas y hasta sus rutinas de belleza. Ya no hay necesidad de hombres con cámaras entre los arbustos que hostiguen cada salida de un lugar público, o que, como en el caso de Diana, transformen su vida privada en portadas internacionales. Claro, el paparazzi sigue vivo, pero no de la misma manera que hace treinta años. Las redes sociales cambiaron la dinámica.La intimidad se ofrece como espectáculo, y no solo de los famosos. En un insuflo de autoimportancia nos hemos creído que cada detalle de nuestras vidas merece una audiencia. Y actuamos en consecuencia. Si no, ¿qué explica la figura del influencer? Personas que empezaron a publicar videos en YouTube o Instagram, y que, con el paso del tiempo, fueron reuniendo comunidades de personas alrededor del mundo que se sentían parte de esa vida. Todos al pendiente de cada detalle que aparecía en pantalla. Relaciones amorosas, la llegada de sus hijos, tips de decoración y cocina, conflictos familiares, divorcios, problemas de salud.Y sí, también es cierto que nos genera cierto placer evadir la vida propia y estar enterados de la ajena. Esto no es ninguna novedad. Lo que cambió es la escala y la intensidad.Leí “Tierra”, de Eloy Moreno, y sentí que estaba viendo este fenómeno llevado al extremo. Una novela distópica de un futuro no muy lejano en el que conocemos la historia de un magnate que controla todos los medios de comunicación. No llegó ahí por casualidad, sino a partir de la creación de una serie de realities cada vez más crudos y extremos, entendiendo que ser provocador era la forma más eficaz de subir los ratings. A más ratings, más dinero; a más dinero, más poder; a más poder, más control de la narrativa.El hilo conductor del libro es un novedoso programa de televisión en el que ocho participantes de la Tierra viajarán al espacio para probar las condiciones de vida de una nueva colonia espacial. Esa colonia podría convertirse en aquello que salve a la humanidad, después de casi acabar con el planeta. Pero hay una condición importante: no podrán volver jamás a la Tierra. Cada parte del concurso de selección de los participantes, el viaje al espacio y las relaciones que ahí se desenvuelven se transmiten en vivo, 24/7. Millones de personas están pegadas a sus celulares esperando noticias, tienen favoritos, lloran por sus problemas y celebran con sus alegrías. Lo más impactante de todo es que nada es real.Además de ser una excelente novela, de esas que no puedes parar de leer bien entrada la noche, Eloy Moreno hace una crítica social hacia un problema que hoy ya existe. La narrativa de los medios de comunicación está moldeada por quienes tienen el poder de decidir qué vemos y cómo lo vemos. El algoritmo de nuestras redes está diseñado de forma que la manipulación es constante y profunda. Y nosotros, como los de Tierra, estamos involucrados emocionalmente con personas que nos muestran vidas editadas hasta el extremo. Los problemas globales se presentan desde miradas sesgadas, que buscan aumentar la polarización en la sociedad, y la información más importante de todas se mantiene bien oculta, perfectamente controlada y dosificada.Después de leer este libro me pregunté seriamente: ¿quiero vivir a través de una pantalla? ¿Quiero que mi sentir y mi pensar estén tan fácilmente influenciados por lo que alguien más decidió que debe aparecer en mi feed?No. Pero es imposible escapar totalmente. Lo que sí puedo decidir es cuanto entrego. Levantar la mirada. Reconocer que quien controla lo que miro terminará influyendo en lo que creo. Ser un poco más crítica y recordar que la vida real se vive en persona, no se transmite en vivo.@luciachidan