La tragedia de la muerte. El dolor de la muerte. El vacío de la muerte. Su silencio, que podría ser poesía. El sacrificio. El tributo. El momento culmen, justo cuando cruzaremos miradas con ella. La muerte, quitadora y resignificadora de amores. La directora Chloé Zhao le ha filmado un tremendo festín a Tánatos en la imperdible “Hamnet”.A través de la ficción, este largometraje relata la historia de amor entre Agnes y William Shakespeare, así como el impacto que tuvo en sus vidas la prematura muerte de Hamnet, su hijo de 11 años. Dicha tragedia terminaría por permear en la escritura de una de las obras cumbres del Cisne de Avon: “Hamlet”.¿Puede el amor sortear el vacío que queda cuando lo que se ama deja de existir, cuando el otro ya no está? ¿O cuando la existencia queda solo en el plano de lo etéreo, cuando ya no se puede abrazar, acariciar, ver o escuchar lo amado? ¿Los vivos estamos indefensos ante el silencio que acompaña a la muerte? En “Hamnet”, la muerte extingue una respiración y exige así que el amor encuentre nuevos cauces para seguir siendo.Confieso que “Hamnet” fue, para mí, una bomba lacrimógena. Lo digo en el mejor de los sentidos, me gustó que me sacara alguna lagrimita. Esta pieza de época repasa las claves tonales del melodrama bullente y roba de él sus mejores virtudes: las emociones desbordadas, las pasiones inabarcables, las ofrendas y martirios, las abnegaciones insostenibles. Audiovisualmente, Zhao recurre a la estilización, al impresionismo, para crear un mundo donde todo parece más grande: nos hace sentir que el “amor de cine” (así, monumental) es posible, pero también nos recuerda que, en consecuencia, cada dolor es mayúsculo. Por eso habrá quien se entregue a la lloradera durante la proyección, te lo firmo. Pero la película no empuja al llanto por chocarrería ni por accidente: hay un trabajo de diseño, ingeniería y de realización para buscar un efecto melodramático pleno.“Hamnet” se revela, además, como un relato sobre nuestra incapacidad natural para sentir lo que los demás sienten: no hay empatía que alcance, no hay imaginación que nos permita reproducir fielmente (en mi piel) el dolor ajeno, el amor ajeno. La trama revisa la frustración de solo poder sentir adentro y no poder saber con precisión -ni experimentar- lo que el otro siente, ya sea en el amor o en la catástrofe.Y, finalmente, pero no menos importante, la cinta nos reencuentra con la idea de que el arte sirve para articular las cosas que ya no sabemos cómo expresar, cuando las palabras ya no alcanzan, cuando nos hemos quedado sin recursos adentro. En “Hamnet” aparecen el teatro (que para el espectador de la película será el cine), un príncipe danés y su ficción para ayudar a los personajes a encontrar algo que parece catarsis. Tras el dolor, la creación salva. Por ejemplo, cuando escuchamos una canción que amaba aquel que murió, por un instante vuelve a vivir.Huelga decir que Jessie Buckley (una de las mejores actrices irlandesas en activo) hace un trabajo interpretativo rotundo, de esos que se aplauden de pie. Paul Mescal no se queda atrás. Ambos entienden que, a través de sus cuerpos y miradas, deben transmitir lo irremediable y lo irreversible, sobre la parte del amor que nos pesa más: dejar ir, soltar, decir adiós para siempre, sobre qué hacemos con el espacio que dejó aquel que perdimos. Buckley, en especial, acompañada del tono bordado por Zhao, actúa para hablarnos de ese fantasma que habrá de ganar eternidad mientras sea recordado, porque los padres encontrarán (con algún tributo, tal vez) la forma de “salvar” al hijo que falleció.Con un acabado audiovisual hipnótico -la cinefotografía de Lukasz Zal (“Ida”, “La zona de interés”) es siempre impecable y absorbente; la música de Max Richter es seducción incontestable-, “Hamnet” justifica sus credenciales: tiene ocho nominaciones al Oscar, ganó el Premio del Público en Toronto y Londres, se embolsó dos importantes Golden Globes (Mejor Película y Mejor Actriz) y fue candidata en los Critics Choice; aparece, además, en la lista de las 10 mejores películas del año del American Film Institute. Pero, más importante que cualquier palmarés, ya busca los favores del público en la pantalla grande.