Si durante el Mundial de Futbol te topas con un chocolate Carlos V con el logo de Glorieta La Minerva, y sientes un arrebato de orgullo tapatío, no te preocupes, todo estaba planeado.Bajo este argumento, el pleno del Ayuntamiento de Guadalajara autorizó a Nestlé usar la imagen de La Minerva en 9 millones de barras de chocolate Carlos V de 30 gramos -una edición limitada- a partir de marzo, en el marco de la justa mundialista.La iniciativa presentada por la regidora emecista Andrea Medrano argumenta que “el reconocimiento de la ciudad mediante sus monumentos icónicos generará un sentimiento de orgullo para la comunidad tapatía”, además de promover la cultura, la identidad, el patrimonio y el turismo.Esto generó críticas entre especialistas y la oposición.Con el ánimo de abonar al debate, hagamos un ejercicio. Pongamos dos elementos en la balanza para sopesar el uso de la imagen de La Minerva por una trasnacional.Por un lado, la promoción del turismo y la identidad cultural de Guadalajara; por el otro, el marketing y el lucro de un agente privado. ¿Qué pesa más? Lo primero es difícil de demostrar o rastrear; lo segundo es medible en ventas y “dinero contante y sonante”. Pedí una entrevista con Medrano, pero sólo me hizo llegar una ficha en donde indicó que la Secretaría General de Guadalajara, a cargo de Manuel Romo -con quien la regidora trabajó en MC Jalisco-, le pidió someter la propuesta a votación.La edil justificó esta ruta ante el vacío legal que existe para autorizaciones de este tipo y manifestó el interés de elaborar un reglamento.Me habría gustado aclarar algunas dudas.Por ejemplo, por qué la celeridad; el 16 de enero José Manuel Peña, apoderado legal de Nestlé, presentó la solicitud ante la Secretaría General y, apenas 14 días después, Medrano impulsó la iniciativa que aprobó el pleno.¿Cuántas solicitudes ciudadanas se turnan vía exprés al pleno? ¿Cómo se mide el impacto cultural y turístico de la medida? ¿Por qué autorizar el uso de la imagen sin contraprestación alguna? (según la ficha de la regidora, este punto está en “pláticas” con la empresa).El chocolate será publicitado además en televisión, medios digitales, parabuses y anuncios espectaculares, por lo que el logo de La Minerva se comercializará más allá de una etiqueta.Nestlé también comercializará la imagen de La Catedral para lo cual obtuvieron el permiso del INAH. En este caso, la trasnacional pagó una cuota, que ronda los mil 651 pesos, por el uso de la imagen patrimonial.La Minerva forma parte del patrimonio cultural y artístico de la ciudad desde 1963.La Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad establece que en cualquier decisión pública debe prevalecer el interés colectivo. El uso de símbolos y monumentos, por tanto, debe evitar que agentes privados lucren con el patrimonio cultural.Hay debates sobre lo público que no debemos pasar por alto. Uno de ellos es la frontera entre la difusión razonable de nuestros símbolos culturales y el lucro privado que se disfraza de beneficio social intangible, pero que resulta en ganancias concretas para una trasnacional.